31
Ago

Análisis de coyuntura:
1S como “punto de bifurcación”

“Punto de bifurcación: hecho político-histórico a partir del cual la crisis del Estado, la pugna política generadora de desorden social creciente, es resuelta mediante una serie de hechos de fuerza que consolida duraderamente un nuevo, o reconstituyen el viejo sistema político (correlación de fuerzas parlamentarias, alianzas y procedimientos de recambio de gobierno), el bloque de poder dominante (estructura de propiedad y control del excedente) y el orden simbólico del poder estatal (ideas fuerza que guían las temáticas de la vida colectiva de la sociedad)”

Álvaro García Linera

Lo primero que hay que decir es que no se llega hasta el “punto de bifurcación” como un hecho azaroso del destino. Este en realidad, representa el quinto y “último” momento de las etapas históricas que implica un proceso de “crisis estatal” (García, 2015).

La “crisis estatal” comienza en el momento donde la “crisis” de gobernabilidad empieza a mostrar sus primeros indicios

Es decir, cuando el sistema político simbólico dominante empieza a mostrar ciertas grietas que le permiten a un bloque social y político disidente con capacidad de movilización pasar del ejercicio espontaneo al de movimiento irreductible. Este elemento con matices más o menos claros, se genera, a nuestro juicio, en la historia contemporánea venezolana en los años 1989, 1992, 1998, 2002, 2004, 2008 y empieza a germinarse de nuevo a raíz del año 2012 en el país.

La segunda etapa o “empate catastrófico”

Se da cuando ya no sólo hablamos de una fuerza política disidente con capacidad de movilización nacional, sino que ésta se plantea de manera concreta una propuesta de poder (programa, liderazgo y organización con voluntad de poder estatal) que logra dividir las estructuras políticas en dos campos claramente antagónicos y diferenciados. Situación que se genera de manera clara en las elecciones presidenciales del año 2013.

El tercer elemento es el denominado periodo de “renovación o sustitución de las élites políticas”

Que se caracteriza por la constitución de un nuevo bloque de poder que asume responsabilidades de Estado para tratar de canalizar las demandas sociales y económicas que representan desde el Gobierno. Este punto de inflexión se da con el resultado de las Elecciones Parlamentarias realizadas en diciembre del 2015.

El cuarto momento del análisis, también conocido como “construcción, reconversión o restitución conflictiva de un bloque de poder económico-político-simbólico” a partir del Estado

Es el momento en que utilizando recursos materiales del o desde el Estado se pretende la consolidación de un bloque hegemónico. Esta estrategia con un éxito mermado por la poca fuerza que ha demostrado tener la nueva Asamblea Nacional, es la que se ha pretendido ejercer desde el Poder Parlamentario durante todo el año en curso.

Utilizando este método de análisis comprendemos que los cambios o las consolidaciones en el tablero político nacional, tienen un hilo conductor cuyo desenlace definitivo se viene a gestar en la convocatoria realizada por la oposición venezolana para este primero de septiembre.

El <punto de bifurcación> o momento del desenlace de la “crisis estatal”, posee tres características fundamentales. Alvaro García Linera (2015) las explica de la siguiente manera:

Es un momento de fuerza, no de diálogo ni necesariamente violento, pero sí es un momento donde se tienen que exhibir desnudamente las fuerzas de la sociedad en pugna, se tienen que medir las capacidades y, en ello, definir la suerte definitiva e irreversible de cada uno de los contrincantes.

Es un momento donde las antiguas fuerzas asumen su condición de derrota o las nuevas fuerzas ascendentes asumen su imposibilidad de triunfo y se repliegan.

Es un momento donde una fuerza social o un bloque de fuerza asume el mando reconocido por los que aceptan obedecer, dando lugar a una nueva complacencia moral entre gobernantes y gobernados.

Es un momento donde la política –parafraseamos a Foucault- es fundamentalmente la continuación de la guerra por otros medios y no a la inversa; es un momento donde tiene más razón Sun Tzu que Rousseau o Habermas. Aunque también las construcciones de consensos sociales son necesarias, pero a partir de legitimaciones o deslegitimaciones de hechos de fuerza. En otras palabras, el punto de bifurcación es un momento donde la situación de todos se dirime en base al despliegue de correlación de fuerzas sin mediación alguna: fuerzas materiales, simbólicas y económicas.

Durante la Revolución Bolivariana, periodo que abarca desde 1998 hasta la actualidad, podemos identificar al menos dos grandes <puntos de bifurcación> donde se ha puesto en juego el destino del proceso político en boga. Estos son: el Golpe de Estado y sabotaje petrolero del año 2002 por una parte y las Guarimbas del año 2014 por otra.

Esta última, que por extemporanéa y sin cumplir con las etapas históricas que requiere el gran desenlace, fue derrotada de forma efectiva, pero no sin antes cobrarse la vida de 43 venezolanos inocentes gracias al discurso populista de derecha que represento “La Salida”.

Ahora ¿Qué nos dejan estas dos experiencias previas?

Que a diferencia de aquel dramático intento de golpe de Estado del 92’, ningún vocero de la oposición está dispuesto a asumir las consecuencias, a veces trágicas e inevitables que genera el desenlace de la “crisis estatal”. Ya lo vimos en el “vacío de poder” del 2002 y en la táctica de dilatoria evasiva que han argumentado continuamente ante el discurso claramente golpista y anticonstitucional que representaba La Salida en el 2014.

En este contexto, no nos puede caber duda de que existen al menos dos agendas política dentro de la llamada Mesa de la Unidad Democrática para este primero de septiembre

Una que potencian los sectores social-demócratas de la llamada “MUD”, donde se pretende generar una gran marcha cívica, pacífica y simbólica en Caracas y así hacer ver a la comunidad nacional e internacional su supuesta capacidad de liderazgo de masas en periodos de alta conflictividad. Y una que generan los sectores de la derecha más reaccionaria, que pretenden  utilizar lo que se espera sea una gran movilización de gente para ocasionar un estallido social que genere las condiciones objetivas necesarias para el atajo político.

De lo que podemos estar seguros, es que independientemente de cuál de las dos agendas se impongan, el “1S” representa un momento de plebiscito político nacional.

Que en el marco de las características de un “punto de bifurcación” tenemos que esperar el máximo despliegue de fuerzas de la oposición venezolana en distintos escenarios:

  1. El de la movilización pacífica en los puntos de partida ubicados en los sectores más hacía el Este de la ciudad.
  2. El del enfrentamiento abierto desde los puntos que colindan directamente con el municipio Libertador.
  3. El de la condena internacional, ya iniciado por la OEA que funge como brazo político internacional del partido Voluntad Popular.
  4. El de actos terroristas focalizados para generar la incertidumbre y la reacción de la multitud en un acto consciente de manipulación de psicología de masas.
  5. El de las grandes cadenas de comunicación como ya nos tienen acostumbrados a través de CNNE y las cableras colombianas.
  6. El del poder económico a través del “disparo” del dólar negro en la página Dólar Today.

Así podemos decir, que el “1s” como fecha histórica represneta el enfrentamiento simbólico y real de dos proyectos políticos. Y el despliegue de fuerza que comience ese día y se desarrolle en los días siguientes por parte de ambos campos de poder, definirá el destino de los mismos que en el marco de la inestabilidad política-económica-social del país, se juegan la hegemonía de sus proyectos políticos al “todo o nada”.


Referencias bibliográficas:

–          García, A. (2015). Democracia, Estado, Nación. Editorial Trinchera.