01
Sep

Análisis de coyuntura II:
¿Subestimación de la oposición o “pase agachado”?

24 horas antes del día “D” hacíamos una primera entrega de un ejercicio de análisis de coyuntura donde catalogábamos el “1S” como el inicio de un punto de bifurcación o desenlace final de una situación de confrontación política que se viene generando desde finales del año 2012.

Ahí explicábamos una serie de características de lo que esperábamos fuera este desenlace, o el comienzo del desenlace en primera instancia, que si bien no se sale del cuadro de expectativas, es decir, cumple con ser

 “Un momento de fuerza, no de diálogo, ni necesariamente violento, pero sí un momento donde se tienen que exhibir desnudamente las fuerzas de la sociedad en pugna”

Hay que admitir que de parte de la oposición venezolana no se terminó desplegando la correlación de fuerzas en su máxima expresión (materiales, simbólicas y económicas) sin mediación alguna, como lo habíamos predicho.

Por el contrario, el Gobierno Bolivariano, consciente del momento histórico que estaba en juego si realizó un despliegue frío y calculado de distintas iniciativas a lo largo de la semana y para los días posteriores preparando la mesa para ese escenario. No obstante, ante la mirada incrédula de propios y extraños: nunca sucedió el desenlace.

¿Se subestimó a la oposición o es un “pase agachado” en una estrategia política de mediano plazo?

Al final de la jornada, se impuso la agenda “socialdemócrata” por encima de la agenda reaccionaria dentro de la MUD. En otras palabras: aquella que pretendía lograr en Caracas una gran movilización de personas, en un ambiente sumamente polarizado y hostil, sin que hubiese hechos de violencia que lamentar, poniendo a prueba el liderazgo de la tolda opositora al lograr retirar y finalizar la movilización a las 2 de la tarde como se tenía previsto.

Sí el triunfo de este sector refleja la correlación de fuerzas objetivas dentro de la MUD o por el contrario, se vio notablemente influenciado por la acción preventiva del Estado en contra de los líderes negativos de la resistencia y las grandes cadenas de televisión, está sujeto a debate.

Pero independientemente de la agenda final ¿Se lograron realmente los objetivos planteados?

La defensa romántica y corazonada del “logro” de estos objetivos en abstracto, nos hace pensar que no.

En términos concretos, el discurso opositor como significante vacío, si bien es exitoso a nivel de marketing político, no ha mostrado los mismos resultados en el plano material. Así, se fueron creando una serie de expectativas alrededor de “El Cambio” y éste terminó siendo un significante que cada vez más y más se alejó de “El Cambio” económico y social (campaña parlamentarias 2015) del cual ya nadie habla a menos que sea en términos completamente abstractos, pero jamás propositivos, para enfocarse en un <cambio político> específico aunque sin líder, ni estrategia de la transición configurada.

Siguiendo la línea de “El Cambio” como significante vacío de marketing político, alrededor de la “Toma de Caracas” se crearon un conjunto de expectativas importantes, que aunque difusas en sus objetivos, de manera general todas apuntaban a una gran batalla “final”. Ya fuese de manera directa o de manera simbólica para exigir la realización del referendo revocatorio (muy atrás quedo ya aquella campaña de cambio cómo mejoría de las condiciones materiales de existencia).

No obstante, estas grandes expectativas creadas para sus electores no tuvieron ningún término exitoso. Al final de la jornada no existe otra fecha para la recolección de firmas que no sea para finales de Octubre (situación que además conocen de antemano no cambiará). La convocatoria a un gran cacerolazo nacional para las 8:00 de la noche no duro más de 20 minutos en los sectores más abiertamente opositores; existe una gran incertidumbre en cuanto a los liderazgos simbólicos y materiales de las distintas agendas de la MUD. Y ni hablar de los sueños golpistas y reaccionarios que no llegaron a asomarse por ningún lado, más allá de la espontaneidad de un pequeño grupo de choque al cual enseguida catalogaron de “infiltrados”.

La gran “Toma de Caracas” sirvió como válvula sana de escape al descontento popular, la opción de marchar y ver reflejado ese malestar ante la situación de conflicto diaria en la conciencia colectiva de la multitud, para así a partir de mañana enfrentar las dificultades con ánimos renovados, quizás con un halo de alegría extra. Pero no para lograr un cambio político radical.

Así, la sociedad que no puede vivir en pugna de manera perpetua buscará más pronto que tarde por inclinarse a la estabilización del sistema político, a la supresión más o menos programada de la polarización social y el proceso de rutinización de las prácticas del Estado.

De este modo, el inicio del punto de bifurcación parece terminar consolidando la tesis donde las nuevas fuerzas ascendentes tendrán que asumir su imposibilidad de triunfo y replegarse a los cambios pasivos en el ámbito más positivista de la política que el tiempo y las condiciones hegemónicas les permita.

Ya que la oposición venezolana, ante la variedad de agendas y falta de coherencia direccional para aplicarlas, dejo pasar de manera clara y notoria las condiciones subjetivas y objetivas del punto de bifurcación o desenlace final, para intentar de manera seria los objetivos que le han venido planteando a sus electores a lo largo del año.

Por el contrario, el Gobierno creció ante la adversidad. Y si bien no posee la capacidad de convocatoria de coyunturas anteriores, de la mano de un discurso “bovesiano” del segundo del partido, Diosdado Cabello, lograron conectarse con una parte importante de su electorado de base, generando una movilización nada subestimable para las horas bajas que atraviesa el proceso Bolivariano.

Al final de la jornada, en el mediano plazo no importará cuanto movilizo cada marcha. Sino quien cumplió los objetivos de la Gran Política. Y aunque la Mesa de la Unidad demostró una importante capacidad de movilización inicial, al no lograr, ni plantearse ningún objetivo claro, más allá de esa efímera abstracción de una supuesta presión simbólica que utilizan los líderes de la misma de consuelo propio, echaron por tierra esa capacidad para las futuras convocatorias, como ya se vio de hecho en el mermado “gran cacerolazo nacional”.

No obstante, el ciclo no está cerrado de manera definitiva, habrá que esperar por las estrategias de agitación y propaganda que se plantee la oposición venezolana de cara a las movilizaciones programadas para los próximos días, para comprobar si pueden todavía conectar con el descontento de sus electores a pesar del escenario desarrollado el día de hoy.