19
Nov

Trump y la izquierda: crisis óntica de la política mundial

“El punto importante es que, a cierta altura, el contenido óntico puede agotar su capacidad para jugar tal rol, en tanto que permanece, sin embargo, la necesidad del rol como tal, y que -dada la determinación de la relación entre contenido óntico y función ontológica- la función puede ser desempeñada por significantes de signo político completamente opuesto”

Ernesto Laclau, La razón populista.

A estas alturas, no existe ningún especialista que no haya categorizado a Donald Trump como un candidato populista, las razones son obvias: cumple al pie de la letra con los ingredientes de la receta del tipo ideal del populismo.

Entendido este –según lo narra Laclau- como una lógica política donde el líder, en la construcción de la hegemonía, objetiva una “plebs” que se pretende “populus”, es decir: una parte de la totalidad que se pretende la totalidad misma del pueblo. Antagonizándola a una serie de enemigos internos y externos, apelando a un discurso radicalmente anti-establishment que conjuga una serie de significantes vacíos que buscan abarcar una serie de demandas insatisfechas en el seno de la población excluida.

Con la particular variante en esta oportunidad, de ser una respuesta posneoliberal ejecutada por una derecha tradicional –como ha venido sucediendo en Europa, cuyo ejemplo más claro se da con el Brexit- que se ha visto afectada por los procesos de globalización y que apela a una clase media “nativa”, empobrecida, de edades avanzadas, en algunos casos sin estudio y generalmente sin trabajo, que ve perder el “sueño americano” delante de sus ojos.

No obstante estos elementos, la izquierda mundial en general, cuya expresión más notable es el caso de Slavoj Zizek  se ha identificado abiertamente con las posturas, que en otros escenarios serían totalmente antagónicas, de Trump.

¿Por qué sucede esto?

Tal como lo describe Laclau, en los países donde el establishment ha logrado eliminar –al menos en apariencia- cualquier división radical de la sociedad, en donde existe poca diferencia entre un partido político y otro, las demandas sociales de los sectores excluidos que generalmente han sido reivindicadas por la izquierda, quedan sin expresión política clara.

Pero que la izquierda tradicional haya perdido la capacidad hegemónica sobre estas reivindicaciones no significa que la necesidad de las reivindicaciones haya desaparecido, por eso no es de extrañar que la izquierda mundial, ante la crisis de representatividad en un contexto adverso y claramente dominado por el establishment como en el caso de los Estados Unidos, haya perdido la brújula óntica de su pensamiento político, para devenir en el pragmatismo de ver en el candidato republicano y sus significantes de derecha, con su discurso de cambio radical, la reivindicación de estas demandas, sin importar que en la práctica sea de un signo político completamente opuesto.

Así vemos que la necesidad ontológica de expresar la división social, termina siendo más fuerte que la identificación óntica a un discurso de izquierda.

En este escenario, las apuestas en el ámbito geopolítico están completamente abiertas para todas las partes. No significa esto, como muchos han tendido a asegurar erróneamente, que Trump sea un aliado directo de los países que tradicionalmente han sido el contrapeso de la hegemonía imperial de los Estados Unidos, no obstante, al agitar las aguas de la política interna y externa de los EE.UU, permite de hecho, la apertura y posible resquebrajamiento -o al menos una reconfiguración- de los lobbies tradicionales de poder y en esa medida una reconfiguración del tablero geopolítico internacional.

Los peligros de las aguas agitadas, radica en el efecto expansivo que pueda llegar a tener el discurso populista en la derecha mundial en un contexto de posibles crisis de los gobiernos nacional-populares, progresistas o de nueva izquierda, como de hecho ya viene ocurriendo en la región latinoamericana.

Quedando las demandas sociales que venían siendo representadas por estos gobiernos, flotantes, a merced de estas nuevas respuestas que si bien son “posneoliberales” en sus discursos, sus principales voceros siguen siendo los representantes de la derecha tradicional.