20
Dic

Billete de 100 (I): el acto fallido de “pasar el tigre por el aro”

Partiendo del supuesto de que el Estado, efectivamente maneja su política monetaria como si estuviese en guerra (a la que se ha tildado de económica), retirar el billete de 100 en tan sólo 72 horas se puede entender como una táctica, arriesgada sin duda, pero válida en los términos en que se proponía darle un golpe “mortal” al enemigo.

Más allá de los pros y contras en política monetaria que genera la medida, situación que ha sido ampliamente discutida por los expertos económicos del país en la última semana, hay algo fundamental en el análisis que no se puede dejar por fuera: la (in)capacidad operativa del Estado venezolano.

Así, el gran sacudón contra las mafias fronterizas, paso rápidamente de ser un golpe estructural a un retraso coyuntural para ellas, transfiriéndose todo el peso de las medidas al ciudadano común que hace uso cotidiano de la moneda en cuestión.

No es porque no se tuviese previsto, porque ya lo advertían algunos asesores del gobierno y analistas políticos en general, que en el interior del país la ausencia de efectivo podría generar situación de caos social o que en las grandes ciudades habrían inmensas colas para poder depositar el dinero que se tuviese en billetes de la más alta denominación. Es porque se fracasó –de nuevo- en pasar el “gran monstruo” por la normativa legal que impone el Estado como máximo órgano jurídico del país.

Otra vez el Estado venezolano, al mando del Gobierno Nacional, muestra un leguleyo control y planificación institucional, repito, no porque operativamente en términos de planificación –para bien o para mal- no se pudiesen retirar el billete de más alta denominación en un breve lapso de tiempo. Sino que para tal operación táctica se requiere un Estado operativo, de fuerte carácter institucional y una planificación sin precedentes por parte del Gobierno, que hoy, tras la reconsideración de la medida hasta el 2 de enero, consideramos evidentemente fallidos.

Estas medidas, no tomadas en su oportunidad, serían las siguientes:

  1. Garantía de la aparición del nuevo cono monetario apenas retirado el billete de 100bs.
  2. Planificación, discusión y aprobación colectiva, debido al nuevo cono monetario, de los precios de la gasolina, el transporte público o cualquier servicio que quede por debajo de 100bs.
  3. Asegurar el flujo de liquidez y opciones alternativas al intercambio monetario en las zonas del interior del país.
  4. Protección al ciudadano común de los efectos colaterales que se asumían como evidentes de las medidas.
  5. Y  sin duda, un largo camino de “etcéteras” que el estimado lector podría agregar o considerar.

La cuestión, es que la situación de fondo es la misma si hablamos del Arco Minero, de las OLP o de las medidas que buscan enfrentar el desabastecimiento. Todas políticas públicas que buscan pasar al “gran tigre” por el aro del Estado, llámese este tigre: delincuencia, corrupción o mafias en general.

El común denominador es el mismo: la ausencia medianamente absoluta de la capacidad operativa del Estado, como institución del Gobierno, para asumir su parte del contrato social que le da legitimidad de origen.

Nos enfrentamos a un Estado que aparece como un inmenso elefante, pero con las patas quebradas, que con paso torpe busca abrirse camino de manera heterodoxa a las leyes del mercado, pero sin la capacidad operativa, ni la voluntad política, de asumir el costo social que ello implica.