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Dic

Billete de 100 (II): Ahí viene el lobo

En una primera entrega del episodio del billete de 100, anunciábamos el “acto fallido de pasar el tigre por el aro”. Esto debido a la “ausencia medianamente absoluta de la capacidad operativa del Estado” en cuanto a planificación y ejecución, concreta y efectiva, de las políticas de gran transcendía para la legitimización del contrato social.

Hoy, tras 17 días del anuncio del retiro del billete de 100 en apenas 72h y tras 12 días de la prorroga hasta el 2 de enero de las posibilidades de circulación del mismo, se anuncia un nuevo plazo de vigencia del billete en cuestión hasta el 20 de enero del año 2017, dando como resultado, en caso de que esta vez sea efectivo y cumplido el lineamiento oficial, un plazo ya no de 72h o 3 días, sino de 936 horas o 39 días. Es decir: como “estrategia de guerra” un completo fracaso.

No solamente implica un eminente fracaso como “estrategia” contra las grandes mafias del control cambiario, sino que implica un aumento completamente proporcional al fracaso, del descontento de la población tras la transferencia de consecuencias de la medida al ciudadano común, quien en plena época decembrina -que tradicionalmente muestra un aumento de la compra de los bienes de consumo- vio afectado de manera considerable el flujo de liquidez, lo que no solamente afecto su capacidad de compra de estos bienes, sino del normal desenvolvimiento de su día a día en trasportes públicos e intercambio comercial cotidiano.

Por su parte, el Estado, además de la importante pérdida material de algunas instituciones bancarias y comerciales debido a la reacción violenta de un grupo de ciudadanos en las periferias del país, se enfrenta también a la baja productividad de su población, tras la pérdida de horas de trabajo dedicadas a realizar inmensas colas para depositar los billetes, que volvieron a ser moneda corriente, para de nuevo realizar inmensas colas para depositarlos, para que ahora sean moneda valida en el territorio nacional, para que cerca del 20 de enero vuelvan a hacer inmensas colas para depositarlos.

Lo que se traduje, en un castellano sencillo, en que nadie en la calle está dispuesto a aceptar el billete 100 independientemente de los anuncios en Gaceta Oficial que legitiman su curso, el cual, además, resulta ser el billete de más alta denominación en circulación nacional todavía.

Es decir, un verdadero caos sistémico monetario en el país, que suma puntos a favor del equipo enemigo al cual se buscaba abatir, a saber: la dolarización continua, sin modelo de medición racional, de la actividad comercial –legal e ilegal- en el país.

A su vez, en el ejercicio del contrato social, en otras palabras, en el ejercicio de la legitimidad que le otorga la sociedad al Estado, se necesita del elemento subjetivo o “idea colectiva” que logra que un determinado orden político sea aceptado e internalizado por la población.

Para ello, es de vital importancia que la población en cuestión, independientemente de su afecto o no, a las ideas hegemónicas que emanan desde el poder político, tenga completa seguridad de que la palabra empeñada desde las figuras de máxima jerarquía sea plenamente cumplida.

Ante la inoperancia de la planificación estatal para ejecutar de manera efectividad las políticas trazadas desde el Ejecutivo, esta palabra se empieza a ver cada vez más devaluada. Y como sucede con el cuento popular del lobo, que narra la historia de un cuidador de ovejas que tras anunciar en falso que el lobo se acercaba y al acercarse el lobo de verdad, nadie lo creyó y las ovejas terminaron devoradas, tendríamos que preguntarnos

¿Quiénes serán los lobos y las ovejas en la actualidad?