08
Jun

Lucecitas montadas para escena: a propósito
de la disputa con los intelectuales de izquierda

Recientemente se ha generado una discusión importante dentro del “campo intelectual” de la izquierda latinoamericana en torno a Venezuela, este hecho no hace sino confirmar la importancia geopolítica que tiene nuestro territorio, no solamente desde el punto de vista geográfico/energético, sino como vanguardia de un proceso político regional iniciado hace poco más de tres lustros.

Así vimos, como ante la declaración política y politizada –porque jamás podríamos pretendernos neutrales, aunque no signifique que no podamos ser objetivos- de un conjunto de intelectuales de la izquierda latinoamericana de importante trayectoria, denunciando el avance de la violencia política, así como la creciente autocratización del proceso bolivariano, hubo expresiones de otra parte de la izquierda latinoamericana y venezolana anunciando su apoyo irrestricto al Gobierno del presidente Nicolás Maduro y a la Revolución Bolivariana.

La defensa radical del Gobierno se ejerce desde diferentes frentes de la izquierda, nos atrevemos a caracterizar algunos, dentro del complejo mapa heterogéneo del chavismo, para identificar al verdadero enemigo de lo que puede convertirse en un estancamiento en la praxis política de nuestros postulados.

Por un lado, tenemos una izquierda internacional que se refugia en la trinchera del antiimperialismo discursivo del Gobierno y el argumento de que Venezuela es el bastión que zanjó y zanja los caminos de los gobierno progresistas de la región.

Sin embargo, si desnudamos la retórica oficial y la fraseología desenfrenada, apegándonos al análisis concreto de realidades concretas, veremos qué muy atrás quedó la batalla ganada contra el ALCA, para venir a claudicar groseramente en la ZDEN-AMO o en la venta de bonos a precios de gallina flaca comprometiendo gravemente los avances soberanos en materia económica.

Si bien es cierto que por un tema geoestratégico Venezuela siempre ha estado en la línea de acción de los grandes países del centro mundial, incluyendo en la primera fila a los EE.UU ¿Es acaso el discurso antiimperialista suficiente sustento para generar un cheque en blanco a cualquier práctica política del gobierno venezolano? ¿En dónde comienza y termina la práctica ética y política de sostener en lo concreto cualquier tipo de régimen político para ser la vanguardia simbólica de América Latina?

En otro frente, que bien lo supo caracterizar la socióloga argentina Maristella Svampa, encontramos las organizaciones sociales territoriales y populares. Estos compañeros encontraron en el chavismo una identificación política que históricamente les habría sido negada, su adhesión radical al proyecto de la Revolución Bolivariana es la garantía que tienen de seguir participando activamente en la política, con el privilegio sustancial que esto no significa necesariamente mantener relación con el partido.

En palabras de la colega, “no es casual entonces, mucho menos en un contexto de fin de ciclo progresista, que la defensa dogmática e incondicional al chavismo tienda a combinar la diatriba desmesurada con la apelación mitológica, acelerando los dispositivos de clausura ideológica, pues lo que está detrás de ello es nada menos que la defensa de una determinada identidad política” (Svampa, 2017).

Este grupo, que argumenta desde la más sincera tribuna de la preocupación militante, que la salida del Gobierno del presidente Nicolás Maduro sería un retorno a las prácticas neoliberales en términos económicos, obvian la realidad concreta que para que efectivamente se consoliden los procesos de “fin de ciclo” de los gobiernos progresistas en la región, no necesariamente tiene que haber un cambio en los actores al frente de los Estados, sino que podría bastar con un cambio en las gestiones y planes de estos Estados, sin que implique cambiar sus actores, como en la práctica viene ocurriendo en nuestro país, a través del proceso de transición del socialismo del siglo XXI al Estado neoliberal militar.

Por último, tenemos un grupo peligroso, se disfraza con lo más radical de los atuendos ideológicos, algunos se asumen como intelectuales, otros se visten de politicos, pero todos se caracterizan por mantener un discurso profundamente populista y por haber construido un público quirúrgicamente diseñado. Presumen de prácticas revolucionarias y dicen que defenderían hasta con su vida los intereses del pueblo venezolano, eso es lo que supuestamente los impulsa a defender la Revolución Bolivariana de manera tan airada.

La realidad, es que estos grupos representan una nueva clase ascendente gracias a la captación por medios legales e ilegales de la renta petrolera, cuando dicen defender los intereses de toda la población, se refieren a los suyos propios, característica sobresaliente de toda burguesía rentista parasitaria.

Este grupo ejerce la labor de un tribunal de inquisición, deciden arbitrariamente quienes son los “verdaderos” defensores del legado y pretenden convertir en enemigo público a todo el que los contradiga, pues saben que en el debate se podría caer la máscara y el ropaje ideológico dejando ver su verdadera identidad.

Desde el monopolio de la información motivan la propaganda y el panfleto, la alienación de una parte de la población a la ideología de la clase dominante, a través de un oxímoron constante desconocen el proceso dialéctico, obviamente, pues no son de izquierda.

Su bandera es el pragmatismo político, hoy su enemigo es la derecha, pero mañana podemos ser nosotros, en realidad, su enemigo es todo aquel que amenace su porción en la captación de la renta.

Con los dos primeros grupos, seguiremos participando en el mismo campo político de acción y seguiremos dando un debate complejo, pero fraterno porque compartimos el sueño de un mundo mejor, en la contradicción, encontramos el proceso dialéctico de la transformación social.

Los últimos en cambio, son los testaferros del traidor de los aplausos, servidores de pasado en copa nueva, como dijo aquel poeta cubano: los eternizadores de los dioses del ocaso. Son justificadores de oficio, pues el estatus quo les beneficia, no defienden los postulados de la Revolución sino sus intereses de clase.