19
Jul

Democracia no es populismo

Hay que partir del hecho que populismo, clientelismo y democracia no son lo mismo.

El clientelismo es una forma de hacer política a través de las prebendas del Estado de manera paternalista, las cuales pueden ser muy diversas; mientras que el populismo es una lógica de gobernanza con otras características particulares.

Descripción del populismo

En el populismo es necesario realizar una división dicotómica radical de la sociedad, entre nosotros y el enemigo, en donde ambos sectores son construcciones subjetivas del líder populista. En este sentido, el “pueblo” también es una construcción arbitraria que hace el líder populista de una parte de la población, es decir, que no es toda la población, sino un público objetivo del líder.

A su vez, hay que tener en cuenta que en el populismo el Pueblo no construye sus liderazgos, sino que el líder construye su “pueblo”, así, es una trampa del populismo disfrazado de democrático hacerle caso a las propuestas del “pueblo”, puesto que no está haciendo caso a las decisiones del Pueblo en sentido amplio, sino al “pueblo” que construyó el lider populista.

Asimismo, y quizás esta es una de las características más importantes, en el populismo se llama al “pueblo” a realizar acciones, o se promueven acciones del “pueblo” sin importar la institucionalidad dada, puesto que en la lógica de la “democracia radical” del populismo, las instituciones son trabas a las decisiones del “pueblo”.

Con esa misma explicación el líder populista, siendo el representante, o mejor dicho el creador de ese “pueblo”, también brinca toda institucionalidad, pues argumenta no necesitarla, ya que tiene legitimidad de origen en el “pueblo” que lo eligió y está ahí para cumplir sus designios.

No obstante, en política, tiene que existir una “razón de Estado”, un manejo de las demandas sociales no como significantes vacíos de una campaña política, sino su manejo efectivo con arreglo a fines racionales. Quien promueve o avala en supuesta defensa de la democracia fines irracionales, no está ejerciendo ninguna razón de Estado, sino una lógica populista.

La hora cero

La llamada a la “hora cero” nos amenaza con inmiscuirnos en un Estado de naturaleza en un país donde el Gobierno se encuentra navegando en una deriva autoritaria, el Estado ha perdido el monopolio efectivo del monopolio de la violencia y la dirigencia opositora la capacidad de liderazgo político racional sobre sus bases.

La “hora cero” como dibujo libre de una sociedad cuyas demandas sociales se encuentran insatisfechas por un Estado ineficiente, es un peligroso ejercicio populista que puede llevarnos a una descomposición del tejido social hasta un punto de no retorno, el cual puede involucrarnos en una cruenta guerra fratricida.

La guerra civil no será como en las películas y documentales, será cruel, dolorosa y nos tocará a todos por igual. En la guerra no existen derechos humanos, no existe el respeto a la vida, ni al disentimiento. Existe la imposición del más fuerte y la aniquilación total del otro.

El llamado a las armas

El llamado a realizar por las armas lo que no se logró por los votos, es la otra cara de la moneda de la irracionalidad reinante en la política de nuestros días.

En la Venezuela de hoy un llamado de esa naturaleza representa una triste caricatura de lo que fueron verdaderas epopeyas revolucionarias. Lo que podría ser retórica discursiva como mecanismo de agitación de masas con fines políticos en otras circunstancias, hoy se convierte en gasolina barata que acrecienta la conflictividad social.

En el país hacen falta liderazgos políticos que estén a la altura de las circunstancias históricas. La deformación de la política por parte del populismo tiene que tener término o terminará con nosotros como sociedad.