26
Jul

Sobre la libertad

“¿Quiénes somos? ¡Estudiantes!

¿Qué queremos? ¡Libertad!”

Consigna estudiantil

En el marco de las protestas ocurridas a lo largo de los últimos tres meses en Venezuela, hemos visto cómo una de las principales banderas de lucha de los grupos opositores al gobierno ha sido la consigna por la libertad, la cual ha sido expresada de manera continua a través del discurso, consignas, pintas y comunicados.

Es por ello, que en este breve ensayo nos proponemos hacer un análisis acerca de la libertad desde la obra de un importante autor del liberalismo, hacemos referencia a Jonh Stuart Mill. Para contraponer su tesis acerca de la función, expresión y límites de la libertad dentro de la sociedad, con respecto a la práctica concreta de las expresiones de protesta de la oposición venezolana.

Mill en su obra Sobre la libertad (1859) explica que la opresión sobre la libertad no sólo se da desde el gobierno despótico y sus funcionarios políticos, sino que también puede suceder que se dé en el seno de la sociedad cuando el pueblo mismo intenta oprimir otra parte del pueblo. En este sentido, vale la pena citar a Mill en extenso:

“Cuando el tirano es la propia sociedad –la sociedad como colectivo, por encima de los individuos que, uno a uno, la componen- sus capacidades de ejercer la tiranía no se limitan a las acciones que esta pueda llevar a cabo por sus funcionarios políticos. La sociedad tiene capacidad para ejecutar y, de hecho, lo lleva a cabo, sus propios mandatos. Y si dicta medidas erróneas en lugar de acertadas, o acerca de materias que no son de su competencia, ejerce una tiranía social más formidable que la de muchos modelos de opresión política, ya que, si bien por lo general no tiene a su alcance penas tan graves, hay menos posibilidades de ella, por cuanto afecta mucho más a detalles de la vida diaria” (2007: 43)

También podemos decir, que es cierto que el liberalismo apela al reconocimiento de ciertas “inmunidades” como lo son las libertades asociadas a los derechos políticos, en cuyo caso de transgresión es justificada “la resistencia individual o incluso la rebelión general” (Mill, 2007: 39).

Sin embargo, en el caso donde la opresión se pretenda ejercer desde la misma sociedad, resulta notorio que la libertad del individuo tiene que tener un límite social, el cual está signado por la necesidad de <proteger al género humano> evitando así que en su ejercicio se perjudique a los demás.

En este aspecto, el liberalismo es categórico al enunciar que “dentro del campo de la acción, el límite de la libertad individual se encuentra en las acciones que causen daño a otras personas, en ese caso, de un modo razonable, han de ser reprimidas” (Izquierdo, 2007). En palabras de Mill:

“La única finalidad por la que el poder puede ser ejercido con todas las de la ley, sobre cualquier miembro de una comunidad civilizada, en contra de su voluntad, estriba en evitar que perjudique a los demás, pues su propio bien, físico o moral, no basta como justificación. Nadie puede ser obligado por ley a realizar o no determinados actos, porque eso fuera mejor para él, porque lo hiciera más feliz, o porque, en opinión de los demás, resulta más prudente o justo actuar de esa manera. Todas esas buenas razones para disentir de él, razonarlas con él, convencerlo o suplicarle con insistencia, pero no suficientes como para obligarle o causarle algún perjuicio en caso de que actúe de manera diferente” (2007: 52)

Por ende hay que decir que el liberalismo proclama la libertad de opinión de todos los individuos y de igual manera, la libertad de acción, sin ningún tipo de impedimento por alguna autoridad de carácter jurídico o moral, siempre y cuando dicha opinión o acción corresponda al exclusivo radio de acción individual y no sea en detrimento o afectación de los demás miembros de la sociedad.

Mill lo ratifica diciendo que “nadie pretende que las acciones sean tan libres como las opiniones. Por el contrario, hasta las opiniones pierden su inmunidad cuando las circunstancias en las que se manifiestan convierten tales expresiones en una incitación categórica a emprender una acción perjudicial” (2007: 135).

De esta manera, podemos asegurar que el derecho a la protesta pacífica es legítimo, así como el derecho a la huelga, ya sea expresado de manera individual o gremial. Lo que no resulta legítimo en ningún ámbito, es que en la ejecución de los derechos de un grupo social se pretenda la opresión de los derechos del otro.

En este sentido, los actos realizados por una minoría opositora, que van desde la barricada violenta hasta la realización de crímenes de odio, pasando por la destrucción de bienes públicos y el sometimiento a estado de sitio a comunidades enteras, no pueden ser amparados bajo ningún concepto de “libertad”.

Por el contrario, el Estado tiene el derecho legítimo de aplicar las sanciones jurídicas correspondientes y en caso de que el Estado por su ineficiencia no ejecute tal acción, o inclusive ejecutándola, la sociedad en su conjunto tiene que aplicar una sanción moral ejemplar a dichos actos.

A menos que lo que se pretenda adoptar sea la <lógica de los perseguidores> donde un grupo cree poder perseguir y oprimir a otro, sólo por “tener la razón”, mientras argumentan que ellos no pueden ser hostigados porque el otro “está en el error”.

Si fuese ese el caso, no puede impugnarse ningún hecho de injusticia o dominación cuando el otro también pretenda aplicarla sobre el grupo en cuestión. Y además, si fuese legitimado tal escenario por los grupos en conflicto, nos hallaríamos inmiscuidos en un “estado de naturaleza” que podría empujar al resquebrajamiento del tejido social a un punto de no retorno.

Concluyamos, pues, que la libertad que proclama la oposición no tiene que ver con ninguna loable razón antropocéntrica en defensa del género humano, ni tampoco encuentra motivaciones ontológicas en el concepto, aún menos, inspiraciones epistemológicas de sus fuentes primarias, sino que por el contrario, se nos muestra como la caricatura de aquellas, expresada en un significante vacío, utilizada por un liderazgo político irresponsablemente populista.

 


Referencia bibliográfica:

  • Mill, J. S. (2007). Sobre la libertad.