04
Sep

¡Una advertencia desesperada!

Los niveles de efectivo circulando en las calles hasta el 25 de agosto guardaban una diferencia de apenas 0,62% con respecto a la cantidad disponible en las agencias bancarias del país. Una cifra inferior a la mostrada días antes de la medida de Depósito Coercitivo impuesta por el Ejecutivo Nacional en diciembre de 2016, cuando esta misma relación era de 0,7%.

Esto nos pone a la expectativa sobre qué aplicará el Ejecutivo para solventar la crisis de efectivo que existe en el país, debido la relación completamente desproporcional entre la liquidez monetaria y la cantidad de piezas de dinero disponible.

En diciembre de 2016, se corrían los rumores de la posibilidad de aplicar un corralito tradicional para evitar que la población bancarizada pudiese seguir retirando dinero en efectivo de los bancos, sin embargo, el problema del efectivo en la economía venezolana no radica en impedir que las personas retiren el dinero, porque a diferencia del caso argentino o del caso de los chipriotas, no se trata del retiro total de los depósitos para cambiar a otras monedas más sólidas ante la expectativa de una devaluación, por el contrario, se trata de retirar el dinero para facilitar la circulación de los activos líquidos en la compra de productos esenciales en el día a día.

Por ende, el problema de la escasez de efectivo radica en la disparidad entre la liquidez monetaria y los billetes en circulación, la cual es tan alta que los bancos necesitan que el dinero en circulación regrese a las sedes para poder garantizar la oferta de los mismos.

En este sentido, el Ejecutivo Nacional, contrario a un corralito tradicional, decidió aplicar una medida de Depósito Coercitivo, en vez de impedir a la población retirar el dinero del banco, nos obligó a todos a depositarlo en apenas 72 horas ante la amenaza de que los activos líquidos se quedaran sin ningún tipo de valor.

Así, tenemos que comprender que la medida de retirar el billete de Bs. 100 del mercado, nunca tuvo la intención real de sacarlo de circulación, sino de garantizar artificialmente la oferta de estas piezas bajo la amenaza de retirar las mismas de circulación si no se cumplía con el mandato.

Tras ocho prórrogas, la medida, ejecutada a través del empeño y el descrédito de la palabra del Ejecutivo, ha empezado a mostrar carencias de efectividad.

Hoy, cuando los billetes del nuevo cono monetario representan menos del 5% de los billetes en circulación, parece altamente improbable que otra medida de Depósito Coercitivo del viejo cono tenga asidero. Principalmente porque la realidad concreta demuestra que es imposible retirar la vieja familia del mercado mientras la cantidad de piezas del nuevo cono en circulación sea tan baja, a la par de que existan servicios que por su costo, sólo son pagables con los billetes del viejo cono monetario.

Las soluciones estructurales a esta problemática requieren una política monetaria coherente de mediano plazo, sin embargo, la crisis de efectivo precisa de medidas urgentes, puesto que de seguir esta tendencia las sedes bancarias pueden simplemente quedarse sin dinero en efectivo.

Ante el fracaso que representaría realizar de nuevo una medida de Depósito Coercitivo, la alternativa inmediata pudiese ser la de fomentar una política de Depósito con Incentivos. Ante la inflación galopante, los incentivos para realizar los depósitos tendrían que ser considerablemente altos. Estaríamos hablando de tasas de interés superiores al 50% inclusive.

Medidas parecidas aplicaron los bancos privados nacionales en la década de los 90’, cuando con el Banco Latino en la vanguardia estafadora las tasas de interés superaban el ya escandaloso 90%.

Como el problema de nuestros bancos nacionales no es el dinero electrónico, en el corto plazo pudiesen satisfacer sin lugar a dudas tan escandalosas cifras de interés, y algunos, hasta pudiesen llegar a creer que se trata de una fórmula mágica para paliar el problema de la pérdida de valor del salario real, ya que la gente tendría “más” dinero para movilizar electrónicamente.

Una medida de tal naturaleza nos empujaría a una verdadera crisis sin precedentes en el mediano plazo

  1. En primera instancia, se aumentaría aún más la brecha entre la liquidez monetaria y la cantidad de billetes disponibles.
  2. En segundo lugar, apuntar a una mayor capacidad del uso del dinero electrónico en un momento donde el problema tecnológico de los puntos de ventas, por poner un ejemplo, se encuentra en franco retroceso, mostraría unos resultados desastrosos.
  3. Tercero, atraídos por un vil canto de sirena, como ya sucedió en los años 90’, la clase trabajadora podría verse motivada a vender sus activos fijos para depositar la mayor cantidad de dinero posible y así pretender vivir de los intereses y de los créditos que emita el banco en esta nueva expansión de la liquidez monetaria.

 

Tal medida sólo nos empujaría a vivir en una suerte de burbuja financiera y como toda burbuja, en algún momento estallaría. Pasada la luna de miel de la nueva expansión monetaria, quizás en un par de meses, sin posibilidad de saber el alcance real de la medida, tendríamos los mismos inconvenientes pero exageradamente mayores.

Si hoy no existe una corrida bancaria en Venezuela, es única y exclusivamente porque la clase trabajadora no tiene ahorros que retirar de las sedes bancarias. Sin embargo, el escenario podría ser otro una vez estallara la burbuja financiera planteada en el caso de que la gente sea atraída a vender sus activos fijos para depositar todos sus activos líquidos, ya que cuando la clase trabajadora asistiera a los bancos a retirar sus depósitos, pensando que podrán cobrar los intereses devengados, se encontrarán con que el problema del efectivo no ha sido solucionado y que lo que vivieron durante el tiempo de la burbuja fue sólo una ilusión.

Los bancos, al no poder garantizar el pago de los depósitos se arriesgarían a quebrar, existiendo la franca posibilidad de una corrida bancaria, obligando al Estado a tomar una decisión trascendental, en la cual se caerían todos los maniqueísmos históricos entre salvar al sistema financiero nacional o salvar a los ahorristas, teniendo seguramente un resultado desalentador para los segundos, terminando por empujar a la clase trabajadora a condiciones aún más depauperizadas.

Recomendaciones

Ante la crisis de efectivo actual, y en el horizonte la posibilidad real de aplicar una política de Depósito con Incentivos, habría que advertirle a la clase trabajadora que la primera tarea consiste en custodiar los activos fijos, es decir: motos, carros, casas, etc. En la medida que el alto costo de la vida lo permita, sin que sea la venta de estos bienes un motivo para la pretensión de vivir de supuestos intereses.

Y ante la posibilidad de otra medida de Depósito Coercitivo, es necesario “atesorar” los billetes del nuevo cono monetario como manera de custodiar los activos líquidos en caso de que exista la amenaza de que los billetes de la vieja familia pierdan el valor de un día para otro. Sin embargo, atesorar estos billetes no puede traducirse como la intención de ahorrar bolívares en efectivo, sino garantizar la circulación de sus activos líquidos con mayor facilidad en el ejercicio cotidiano de consumo de los productos esenciales.