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Sep

Piso 6: territorio rebelde

Se dice que el proceso más difícil en la construcción de un relato etnográfico, es aquel que implica devolverle a la comunidad que te abrió las puertas, la interpretación que has hecho de su cotidianidad para su aprobación, discusión o en el peor de los casos, su rechazo.

En mi caso, ese había sido un proceso aplazado hasta ahora. Sin embargo, casi un año después, me propongo por fin entregarlo a las personas que lo hicieron posible, esperando que no sea recibido como un gesto de satanización, sino como un aporte a la construcción histórica de un territorio siempre rebelde.

Un relato etnográfico de Las escaleras

I. Introducción

A mediados de octubre de 2016 como una actividad planificada para la materia de Antropología que se cursa en el quinto (5to) semestre de la Escuela de Sociología de la Universidad Central de Venezuela (UCV) se nos encargó la actividad de realizar de manera individual una aproximación etnográfica a algún fenómeno de nuestra cotidianidad, con miras a lograr un acercamiento a la antropología interpretativa y poner en cuestionamiento algunos elementos acerca del campo de estudio y la autoridad etnográfica en la actualidad.

Esta tarea en apariencia “sencilla” ya de entrada me resultó harto compleja por un par de motivos que explicaré a continuación:

  1. El primero de ellos, que si bien la materia de Antropología debería cursarse en el quinto semestre de la carrera, yo me encontraba cursándola estando en el noveno (9no)[i] semestre realmente, ya viendo materias optativas de interés personal totalmente ajenas al ámbito antropológico y en proceso de realización de la Tesis de Grado cuyo tema político-económico bastante dista de un enfoque etnográfico, lo que se empezaba a perfilar como un curso más o menos obligado de la materia en cuestión.
  2. El segundo motivo, quizás menos estructural, pero muchísimo más complejo sin duda, es que el tema a investigar era de libre elección. Lo que me llevó a estar en un “hueco” epistemológico inmediato al no saber qué elemento de mi “cotidianidad” podía abordar. ¿Este o aquel son temas realmente importantes? ¿Pero cómo me acerco al fenómeno? ¿Me dará chance de desarrollarlo? ¿Qué es una etnografía?

Ante este pequeño drama inicial, apelé a un atajo digno de ser el tipo ideal del paternalismo académico: decirle al profesor de la materia que realmente no se me ocurría ningún tema, y si por azar, él podría simplemente asignarme uno.

El intento paternalista evidentemente no tuvo el resultado esperado, pero de la conversación orientadora me fui motivado a buscar un buen tema de análisis para desarrollar ese elemento etnográfico hasta ahora totalmente inexplorado por mi persona.

Al tener que pasar un número importante de horas en los espacios de la Universidad debido a la carga académica inscrita, se me ocurrió que la investigación tendría que ser ahí y al estar en el último semestre de la carrera, tendría una ventaja de poder simbólico sobre una serie de factores de la dinámica de la Escuela de Sociología, que quizás podría facilitar el trabajo.

Así fue como se me ocurrió realizar un acercamiento etnográfico hacía las escaleras Oeste de la Escuela de Sociología.

Para quien no conoce la Universidad Central de Venezuela (UCV), la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (FaCES) tiene una distribución espacial de sus Escuelas de forma diferenciada: un edifico de 8 pisos, que cuenta con una mezzanina y un sótano, donde hacen vida las Escuelas de  Economía (piso 2 y 3), Estudios Internacionales (4 y 5) y Sociología (6 y 7) quedando el piso 8 para la parte administrativa de la Facultad.

La forma de acceso a los distintos pisos son varias: se puede realizar a través de los ascensores de la Facultad, siendo estos cuatro, aunque en la actualidad sólo funciona uno y debido a un reciente desprendimiento de las guayas del mismo funcione a media máquina generando inmensos retrasos, el cual en todo caso te deja en el “hall” de cada piso, lo que se puede describir como un salón de estar en el centro de cada piso con algunas mesas y bancos; unas escaleras centrales por donde se moviliza el grueso de las personas que hacen vida dentro de la Facultad las cuales también desembocan al “hall” de cada una de las escuelas; unas escaleras de emergencia por el lado Este del edificio que se caracterizan por su poca afluencia; y unas escaleras de emergencia por el lado Oeste por las cuales puedes subir y bajar pero sólo entre el piso 1 y el 7, ya que el acceso a planta baja y al piso 8 se encuentran cerrados por rejas.

II. Un primer acercamiento

Tras definir que las escaleras oeste entre el piso 6 y 8 serían mi objeto de estudio, decidí hablar con un compañero de la Escuela de Sociología que hace vida en esos espacios de manera regular, a quien a partir de ahora conoceremos con el nombre de Ernesto[ii].

Al comentarle a Ernesto mi drama inicial de no tener tema de estudio, y acercarle la posibilidad de que las escaleras lo fuesen me dio a entender que él sin ningún problema podría ayudarme en mi trabajo, pero que quizás el grupo que hace vida en las escaleras no estuviese muy animado a ello, ya que no era la primera vez que se intentaban hacer esas aproximaciones y ninguna habría tenido buen resultado.

Sin más, acordamos que la próxima vez que nos viésemos en la Escuela podríamos realizar una entrevista semiestructurada, quizás nada estructurada realmente, pero grabada para dar cuenta de un primer encuentro alrededor del tema concreto del espacio de las escaleras.

Ese primer momento de coincidencia sería un día lunes[iii] después del almuerzo.

En las escaleras había un grupo de entre 5 y 9 personas a las cuales tanto Ernesto como yo, conocemos de la Escuela de Sociología.

La entrevista, o la conversación medianamente formal más propiamente hablando, la realizaríamos en las mismas Escaleras, en el espacio que llega al piso 8, mientras Ernesto se disponía a “esmoñar”[iv] una porción. A continuación la transcripción íntegra de la conversación:

Lunes 24 de octubre del 2016:

A partir de ahora conoceremos por “G” a mi persona y por “E” a Ernesto.

G: Ajá hermano, yo lo que quiero saber es: ¿Cómo inició este espacio de las escaleras? O sea ¿Quiénes fueron las primeras personas que se llegaron para acá? ¿Cuál eran en ese primer momento sus objetivos? Y si conoces, pues, más o menos la época en que eso pasó.

E: Bueno, según mi entendimiento o con las personas que yo he hablado, de cómo fue el espacio así poco a poco, eso fue como en el año 2009-2010, hasta donde tengo entendido yo, ojo, porque yo entré aquí ya en el 2011, entonces eso es lo que sé. Pero más o menos ya en el 2009-2010…

(Alguien del grupo de las escaleras interrumpe para preguntar “qué vale más ¿patrulla o vigía?”[v] A lo que Ernesto responde: “estoy haciendo algo importante mamagüebo, vigía”)

E: Ajá, jaja. El espacio se supone, lo tomaron un grupo de compañeros que estaban en distintos semestres ya, por ejemplo, de la compañera que yo sé que estaba ahí, estaba ya en su 4to o 5to semestre, ella ya se graduó. Y tenían un colectivo que se llamaba “La Matica”, que bueno, básicamente hacían política de izquierda. Pero claro, tenía entre sus luchas reivindicativas el tema del consumo de cannabis de alguna forma, de la legalidad, de permitirlo, visibilizarlo. Y fueron como que tomando este espacio, a manera de que bueno, se fuera visibilizando que sí, pues, que había un grupo de estudiantes que consumían mariguana, pero que estaban acá como para no “atorrar”[vi] a la gente allá abajo, para no “chocar el carro”[vii] de una. Y así es como se fueron tomando las escaleras.

G: No me había pillado la vaina hasta ahorita ¿El nombre de “La Matica” es por la mata[viii]?

E: ¡Claro marico!

G: Jajaja.

E: Jaja, yo te he dicho quienes estaban ahí ¿Qué crees tú? El nombre de “La Matica” era por la mata. Sí, sí. Y bueno así tengo entendido yo que se fueron apoderando de este espacio poco a poco. Y que ya llegó el punto en el que hoy en día está casi que normado, visibilizado, al punto que el director sabe.

G: Y ¿Cómo fue ese proceso de pasarse de una generación a otra generación? o ¿Se iba sumando la gente y bórralo[ix]?

E: Sí, sí.

G: No es nada formal, pues.

E: Exacto. No, no es nada formal. Incluso, yo lo veo ahorita. Así ya que yo estoy de salida, veo que hay burda de chamos aquí que ya son como la nueva generación y se van a quedar con el espacio. Y que tienen que estar claros que tienen que defenderlo.

G: Pero aunque nunca han estado en nada formal, el “spot”[x] igual tiene unos códigos.

E: Por supuesto, sí. Tampoco es que para acá puede venir todo el mundo.

G: Ajá…

E: O sea, aquí eso se ha visto mucho. Que hay gente que obviamente se da cuenta de lo que pasa aquí, que son de otras Escuelas o incluso de fuera de la Universidad y se quieren venir a llegar. Pero aquí tienes que llegar con gente que conozca, con conocidos, no es que se va a llegar cualquiera y se va a “achantar”[xi] aquí, porque marico –con un tono bastante serio- se hace la “plaza”[xii] aquí arriba y ¡no!, bórralo, se “enchaba”[xiii].

G: Y ¿Cómo, por ejemplo, ha sido el tema con los profesores, con los vigilantes? a nivel de que la gente sabe lo que sucede aquí, pero es permisivo.

E: Sí marico, la vaina es bastante permisiva. Así mismo. Esta casi que normada ya. El espacio. Al punto que la Decana ha pasado por aquí, han pasado los vigilantes…

G: Y ¿Este es el único espacio de las escaleras, es decir, me refiero específicamente a piso 6 donde se da la vaina? O ¿también en piso 4 (Escuela de estudios internacionales) o piso 3 (Escuela de Economía)?

E: No. En piso 4 sucede, la gente de Estudios Internacionales –en un tono de risa- ¡tiene su célula “chikiluki”[xiv] de las Escaleras! Jaja.

G: Pero esa gente no tiene contacto con los de aquí arriba…

E: -En tono irónico- No, no hay mucho contacto. Es que estamos muy diferenciados, ellos tiene que si indumentarias muy caras.

G: Jajaja.

E: Jaja y esos nos separa de verdad. Pero bueno, están ahí. A veces hay intercambios de rolling, compras y cosas así.

G: Jajaja pero que “loco” eso y que “tienen indumentarias burda de caras”.

E: Jajajaja marico ¿Tú no has visto que ellos tienen los vaporizadores éstos súper chikilukis?

G: Ah, ellos fuman como con otra dinámica…

E: Si vale, fuman bajo su dinámica.

G: Porque también aquí se fuma bajo un “beta”[xv] comunitario…

E: Sí, sí. Aquí sobre todo. Claro, porque ahorita también que los precios están tan “disparados” siempre es el tema de la “vaca”[xvi] pues. Ya ahorita es por “vaca”. Antes en la “Venezuela Saudí”…

(Interrumpo sin querer con una risa ante la alegoría de la “Venezuela Saudí”)

E: Jaja del petróleo grosero, aquí llegaba todo el mundo con “xs” cantidad, así de que tengo tanto y cada quien se armaba una, rótalo para allá y rótalo para acá. Ahora la vaina se ha puesto a “vacas”. O por “vaca” o por grupo. Al punto de que antes una vaina que ni se negaba, casi que como el agua y ahora estamos en el punto de que si no pusiste para la vaca te ven medio feo, sabes.

(Otro miembro del conjunto de las escaleras nos llama a Ernesto y a mí para preguntarnos algo, queda sin importancia enseguida y seguimos en la conversación)

G: Mira… pero ¿Tú crees que ahorita en la actualidad sigue teniendo la misma simbología que tenía antes?

E: Coño, yo creo que no. Honestamente no, la verdad es que antes no sé hasta qué punto se militaba o no en el espacio. Porque yo creo que este espacio siempre ha tenido la intencionalidad de ser una célula de militancia también, pero bueno, al mismo tiempo el tema del achante y de la propia “quemadera”[xvii] achanta mucho a la gente, la deja mucho “pegada” aquí a veces.

G: ¿Tú dices que los desmoviliza?

E: Claro, los desmoviliza muchísimo. A veces aquí hay mil ideas, y estamos hablando todo el día de cómo vamos a cambiar la Escuela, el país, la Universidad entera y al final sabes, se queda ahí, en la discusión entre nosotros. Y cuando hay intentos de tomar los espacios: ¡Si se da! Siempre los primeros meses, incluso se mantiene, pero ya después eso se desmoviliza por algún otro motivo también. Y ahorita las dinámicas del país no son ajenas a eso, pues.

G: Marico. Y háblame de estas pintas[xviii]

E: Coño. Aquí hay un peo y un debate por estas pintas. Porque hay unas que ok, están bien, el tema del muralismo aquí y eso se ha promovido, que se haga una vaina fina pues. Pero también hay uno que otro mal descargandola por ahí siempre y haciendo vainas súper feas que no pues…

G: Jajajaja.

E: No pues… Que no van al plano, porque así como nos “chaborrean” el espacio, y así es como dicen que aquí lo que hay es un “poco de delincuentes” que no están haciendo un coño en todo el día. Pero ¡yo no estoy en contra de las pintas! Mientras se hagan bajo un buen concepto y una vaina bien, pues.

G: Tú dices que la gente dice. O sea la gente de la Escuela en general, que es lo que entiendo de lo que me acabas de decir, como que piensan que a veces aquí lo que hay es un “poco de delincuentes”. Y ¿Qué piensan ustedes de la Escuela con respecto a eso? O sea eso piensan ellos de ustedes, pero ¿Qué piensan ustedes de la Escuela? O si ven que hay una división o no hay una división, no lo sé.

E: Claro, claro. Ya va que esto va a salir grande…

 

(Ernesto para un momento la entrevista para pedirle a otro miembro del grupo que le pase un Rolling para poder “enrolar” la “moña” que venía desarmando desde el comienzo de la conversación)

E: Marico, o sea, yo cuando digo la palabra delincuencia, no sé si exactamente utilizan ese adjetivo como tal, pero… Verga (serio y sorprendido)

G: Verga (sorprendido también). “Burro”[xix] de “King size”[xx] “mano”[xxi]

E: Pero… Sí bueno, esta estigmatizado el espacio. En el sentido que se sabe que se consume mariguana aquí, y que muchos de los que hacemos vida aquí estamos como dispersos en los semestres, no vamos eficiencia uno, entonces ellos lo ven como un lugar… ¡Creo yo! o es la perspectiva que le da uno a cómo te manejan en el “hall” después de que eres parte de esta comunidad, como que los “vagos” pues, los que están todo el día ahí fumando y no están haciendo más nada. Y ¡tampoco! Aquí a veces se hacen el “cine escaleras” allá abajo, porque coño también es difícil…

G: ¿El qué?

E: El “cine escaleras” que se hizo varias veces. Eso está paralizado pues. Que se proyectaban películas aquí abajo con el video-beam y todo. Pero en general, yo no creo ni que sea un espacio de vagos ni que estamos todo el día sin hacer nada, ni tampoco voy a mentir de decir que este es el espacio donde estamos luchando y donde vamos a cambiar el mundo, porque no pues, como te estaba comentando antes estamos medio desmovilizados.

G: En la actualidad es más como un espacio para achantarse pues, para hablar un rato con los panas…

E: Si básicamente. Encontrarnos los panas que tenemos los mismos intereses, más allá de incluso fumar o no.

G: Y ¿Por qué aquí, y por ejemplo, no en el hall?

E: Bueno, gran parte por supuesto por el tema de la fumadera. Pero también es que, por como yo lo veo, porque acá no nos identificamos mucho con la dinámica del hall también, no todos, yo puedo estar en el “hall” y puedo estar jodiendo un rato, claro, sí. Pero acá como que nos encontramos ya con intereses definidos, particulares, incluso dentro de la política, dentro del manejo de los códigos políticos y todo, capaz no todos estamos de acuerdo. Aquí la mayoría somos chavistas, sí, pero no todos pues, la mayoría, y los que no son chavistas igualito tienen una visión bastante “izquierda” del peo. Y como que encontrarnos en el hall se nos hace difícil la dinámica, no sé, aquí es más fácil, aquí ya sabemos cómo manejarnos, las discusiones que damos. En el hall yo lo veo más como un “point” para llegar, socializar, pero más en el marco de que te vean pues. Que te vean que estás en la Escuela y de qué estás aquí haciendo vida. Que también es bueno, yo no estoy en contra de eso, yo puedo ir, puedo estar ahí, puedo joder, pero ya después de un rato esa dinámica cansa pues. Aquí es como más tranquilo, aquí podemos estar hablando “chill”, fumando, podemos estar leyendo, haciendo cualquier tipo de actividad más relajado.

G: Y ¿de dónde salió esto de la “comuna 620”[xxii]? (Mientras señalo al conjunto de materos que la conforman)

E: ¿Cómo?

G: ¿De dónde salió esta vaina de la “comuna 620”?

E: ¡Mierda! (muy sorprendido)

G: ¡Hermano que estás haciendo! (prácticamente indignado)

(A continuación se deshace la vara de cannabis quedando todo regado encima de un cuaderno que servía de mesa)

E: ¡No vale, ya va! Yo no puedo armar esta vaina tan pequeña… párala ahí (en tono molesto y bastante serio)

(Detenemos la conversación grabada un par de minutos mientras Ernesto le delega la función de armar la “vara” a otro miembro del grupo).

Retomamos…

G: Te preguntaba ¿Qué es eso de la “Comuna 620”?

E: Bueno, otra de las muchas ideas que se dieron aquí que por el mismo peo de la desmovilización se ha parado pues. Pero era como un “betica” de reproducir la lógica del conuco aquí, a mucha menor escala obviamente. Pero también, claro, hubo mucho peo con las autoridades al principio, se la pasaban sacando las matas, no les gustaba que las tuviéramos, ya ahorita están aquí, pero como que no le hemos parado más bolas, no las han regado ni les han hecho más nada. También que ya no se está aquí todo el día como antes, antes que estábamos todo el día aquí daba para esas vainas, ahora ya la gente es muy rotativa pues.

G: O sea es muy rotativo ¿Que, antes era un espacio permanente?

E: Exacto. Antes, era un espacio que tú salías de clase y te venías para acá y sabías que iban a estar aquí siempre algunos. A veces tú ahora sales de clases y no hay nadie aquí.

G: ¿Por qué eso cambio?

E: Coño, por lo menos yo empecé a trabajar también. Y la mayoría de los muchachos igual, el trabajo, las dinámicas. Ahorita… coño quedarte todo el día en la Universidad representa un gasto económico.

G: Y este territorio de las escaleras ¿Que conforma como tal? Es decir ¿Piso 6, 7 y 8? O nada más el 6, nada más el 7, nada más el 8.

E: Yo diría que es más 7 y 8 incluso que 6. El 6 está ahí también, pero como está más cerca de lo que es toda la comunidad estudiantil, creo que es más como 7 y 8 donde hacemos vida.

G: ¿Y el 720 y el 620[xxiii]?

E: Coño, eso está ahí “estolineado”.

G: Jajaja

E: El 720 más nunca lo han abierto.

G: ¿Qué significa “estolineado”?

E: El “estolineado” puede ser ahora cualquier cosa weón, todo el mundo usa “stonli” para cualquier vaina. Para definir cualquier cosa que no puedes definir jajaja.

G: Jajajaja.

E: Dices “stonli”, “está estolineado” y es como una definición abstracta del peo, no sé jaja. Pero no, lo digo en el sentido que esos espacios no se tomaron más, el 620 ahí se está dando clase regularmente y el 720, está cerrado y ya, más nunca se ha abierto ni se ha hecho más nada con ese peo.

G: ¿Qué pasó con el “problema de la mesa”? [xxiv]

E: Coño ¡ves! Una vez más nos dejamos chiwirear[xxv] y nos dejamos joder…

G: Jajajaja.

E: Por el poder y las estructuras de aquí. Dijimos que íbamos a amarrar la mesa con un candado y un poco he vainas y ahí esta: nos quitaron la mesa. Se acabó la mesa y no hemos reclamado más.

G: ¿Pero de dónde salió esa mesa?

E: Marico, esa mesa yo no sé quiénes fueron los primeros que la subieron, quienes la rescataron, pero al final era un espacio demasiado chill, porque jugábamos ajedrez todo el día, jugábamos damas chinas, hacíamos un poco de vainas chill ahí, poníamos la lapto… No entiendo por qué les molestaba que la mesa estuviese ahí a las autoridades.

G: ¿Pero por qué no se la apropiaron?

E: ¡Es que estaba apropiada! ¡No las quitaron varias veces y la volvíamos a traer!

G: ¿Pero quién se la apropió primero?

E: Coño eso sí no sé.

G: O sea ¿ustedes a la Escuela o la Escuela a ustedes?

E: No bueno, yo supongo que nosotros a la Escuela, pero en el sentido… No fue a la Escuela, es porque ellos ya habían desmantelado esa, sobre todo esa estaba ya “pa´ los perros”[xxvi] y habían traído las de abajo, las de Estudios Internacionales y –en tono irónico- las habían hecho pasar como por “nuevas” para nosotros y vaina. Y bueno marico, estaba sobrando en una esquina tirada y nos la trajimos para acá.

G: ¿Y las autoridades la botaron?

E: Yo creo que está abajo en el sótano.

G: ¡¿En el sótano?! O sea se las quitaron y la guardaron…

E: Exacto sí, como la mueblería vieja destrozada allá abajo.

G: Bueno, creo que así está bien por ahora…

E: Mira, no uses mi nombre, estas claro…

Fin de la entrevista.

III. Recepción del grupo entre los semestres medios: reconstrucción histórica espontánea de las “pintas” de las escaleras

Ese mismo día y al terminar la conversación medianamente formal, que mantenía grabada con Ernesto, decidí comunicarles a sabiendas de la advertencia inicial que me había dado el mismo Ernesto en cuanto a la receptividad del grupo, al resto de los sujetos que estaban en el lugar, los cual eran de semestres intermedios, la intención de hacer un relato etnográfico acerca de lo que sucedía en los espacios de las Escaleras.

Su reacción inicial varió entre la sorpresa y el escepticismo.

Y al preguntar quién de ellos podría, así como Ernesto, hablar acerca del espacio, la respuesta general giró en torno a un “yo no tengo tanto tiempo aquí” o “yo no sabría que decirte de este espacio” “debería preguntarle a “xs” persona que tiene más tiempo”.

No porque no tuviesen tanto tiempo ahí realmente o porque no tuviesen algo que aportar en términos concretos, sino más bien parecía ser una renuncia implícita a ser la voz oficial del lugar o a formalizar esas opiniones en un trabajo etnográfico: “quizás mañana” u “otro día” también fue parte del abanico de respuesta, no sé si con la intención de prepararse para la conversación o simplemente dilatar la propuesta.

Pero al preguntar algo referente a las pintas, en ese mismo instante de manera bastante general y sin ninguna intención oculta para la realización del relato etnográfico, los mismos compañeros que no estaban en su mejor disposición a formalizar las opiniones, comenzaron el debate –del cual yo también fui partícipe- acerca de esas pinturas y distintos stencil que estaban en el lugar. Y surgió así, de manera espontánea, una suerte de reconstrucción histórica de las mismas, la cual sería más o menos la siguiente:

Al parecer no siempre han estado las mismas pintas que están en la actualidad, en algún momento habrían más y de distintos motivos que ninguno de los presentes logra recordar con claridad.

Esas pintas iniciales –al menos iniciales para los que estaban ahí, sin saber si antes de esas habría otras- fueron tapadas por una inmensa bandera bicolor negra y roja a lo largo de todas las escaleras, la cual era una clara alusión a los colores del anarquismo como corriente política.

En algún momento, a algún miembro del colectivo le pareció que debería volver a ser diverso el espacio y decidieron fondear todo de gris plomo (el color formal e inicial del concreto de las escaleras) para comenzar de cero así las nuevas intencionalidades.

Tras ese proceso, es como se llega a las pintas que conocemos hoy, las cuales conforman un conjunto de sin sentidos aparentes –este elemento admitido por toda la comunidad de las escaleras presente- en lo que parece ha sido un profundo proceso de “estolineo” constante, como nos lo describía Ernesto, ya qué, en apariencia, no existe limitantes en cuanto quien puede pintar y que se puede poner en ese espacio.

Y aunque en términos generales las pintas tienen un trasfondo político de izquierda, también descansa un bastante bien acabado “stencil” de Álvaro Uribe Vélez como parte de lo que prometía ser un “mural” contra la “derecha latinoamericana”. Mural inconcluso que parece encajar con la descripción que nos daba Ernesto en relación a las ideas que surgen en el lugar y su proceso de materialización.

La conclusión del debate parece apuntar a que deberían volver a pintar todo de gris para comenzar de cero, o quizás sólo tapar las pintas “más feas”, pero que en términos generales, parece ser una idea que no se llevará a cabo tampoco.

 

IV. Recepción del grupo entre los semestres altos: preocupación metodológica en medio de conversaciones políticas

Otro día, en esta oportunidad un miércoles alrededor del mediodía decido acercarme al espacio de las escaleras para ver quién andaba por ahí y conversar un rato.

Se encontraba -extrañamente para estos tiempos, tal como nos lo describía Ernesto- un grupo bastante nutrido de compañeros de altos semestres o personas que llevan haciendo vida en la Escuela desde hace por lo menos 5 años o más.

Las cuales conozco, y al saber la cantidad de tiempo que tenían en la Escuela y haciendo vida en el espacio de las escaleras concretamente, decido comunicarles, también de manera directa a sabiendas de las advertencias iniciales de Ernesto, mi intención de hacer un relato etnográfico del espacio.

La respuesta inicial, al igual que con el grupo de estudiantes de semestres intermedios, giró en torno a “deberías entrevistar a quien más tiene tiempo aquí” o “deberías hablar con xs persona para que te de mejor información ya que no tengo tanto tiempo aquí”.

De nuevo, no porque no tuviesen tanto tiempo haciendo vida en el espacio, lo cual en esta oportunidad era un hecho mucho más claro y notorio que en la anterior, pero a diferencia de la anterior, no parecía ser una respuesta dilatoria de la actividad, sino basada en una preocupación metodológica: parecían querer que la suerte de voz oficial de las escaleras fuese alguien que pudiera saber, por el tiempo que lleva en el espacio, todo lo necesario para responder mis preguntas o dudas, con la intención que se hiciese un buen trabajo acerca del lugar.

Al menos una de las personas elegidas por la comunidad para tal tarea, se encontraban ahí mismo, pero no mostró interés en realizar algún tipo de actividad formal o al menos grabada en ese momento, ya que tenía que irse dentro de breve por cuestiones de trabajo, quedando así pautada una entrevista para algún momento sin definirse ningún tipo de fecha o compromiso.

No obstante, de nuevo, de manera espontánea a raíz de ese acercamiento surgió una conversación referente al espacio, que giraría en torno a cuánto tiempo tendría cada uno ahí –dando como resultado al menos 4 años para la mayoría-, la referencia a los regaños del “Poeta”[xxvii] por la desmovilización política del grupo y descuido material del lugar, para rápidamente entrar en un profundo debate acerca de la coyuntura nacional política y económica del país, mientras el grupo se preparaba para fumar un “comunitario”[xxviii].

En otra oportunidad, tiempo después, coincidiría en la hora de almuerzo en el “hall” de la Escuela de Sociología con dos de los compañeros de semestres altos que hacen vida regularmente en el espacio de las escaleras, los cuales, ya estaban al tanto de mi intención etnográfica con respecto al lugar y por ende procedí -en tono de broma- a replicarles que no me hayan colaborado con la entrevista, a lo que ellos me respondieron que nunca los busqué para ello, lo cual en parte había sido verdad por cuestiones de tiempo.

Y de nuevo en tono de broma, pero con una intención propositiva de quizás hablar del espacio en ese mismo momento, les comenté que tampoco tenía que ser tan formal, ni grabada, que podía ser una conversación bastante informal, que de hecho podríamos dar en ese mismo instante y que así podrían darme sus aportes también, cuya respuesta y expresión de los compañeros, en un tono mucho más formal que mi broma, giró en torno a la preocupación y poca seriedad de ¿Cómo pondría la información exacta si no grababa la entrevista?

Al final, terminamos hablando acerca de la biblioteca de la Universidad y no tocamos más el tema de las escaleras.

V. Piso 6: territorio rebelde

Durante el mes que me propuse a realizar el acercamiento etnográfico, asistí a las escaleras de manera mucho más continúa –al menos 1 vez al día durante 3 o 4 días a la semana- de lo que lo habría hecho a lo largo de mis 4 años en la Escuela de Sociología.

Tal como nos lo describió Ernesto, el grupo que hace vida en el espacio tiende a ser bastante rotativo en la actualidad, generalmente se encuentran en el lugar grupos de entre 2 y 7 personas, aunque la globalidad de las mismas que hacen vida en el lugar a lo largo de la semana sea de unos 20 sujetos de distintos semestres de la Escuela de Sociología, que si bien en su mayoría son hombres, no se descarta la presencia de figuras femeninas que hacen vida de manera igual en el lugar.

Si es cierto que la principal característica de la dinámica del lugar gira en torno al reconocimiento de poder consumir cannabis de manera permisiva y comunitaria, no es la única actividad que se realiza en el sitio: puede ser tanto un lugar de recreación en cuanto a juegos de carta o ajedrez se refiere, como un lugar de estudio.

Impregnado generalmente por discusiones políticas y académicas bastante interesantes y complejas, sin descartar el tratar cualquier tema de actualidad que surja de las conversaciones o simplemente no tratar nada y estar en el lugar.

Las personas que hacen vida en él son diversas, un número importante de los que asiste estudian y trabajan, como los hay que sólo estudian o que ya no estudian pero a veces pasan por el lugar.

Asimismo pude notar un fenómeno particular en cuanto a la práctica de los idiomas extranjeros: existe un número considerable que habla al menos dos idiomas y algunos están en proceso de estudio de un tercero.

Aunque la mayoría son estudiantes de Sociología, una vez pude observar la presencia de dos individuos en apariencia desconocidos por el resto del grupo, los cuales subieron a fumar de manera aislada y se fueron con la misma extrañeza con la que llegaron, en lo que parecía ser un silencio incomodo por la evidente desconexión de “códigos” del lugar entre unos y otros. Lo que parece confirmar las reglas no escritas del espacio que nos describiera Ernesto.

Estas reglas, que al parecer son intrínsecamente conocidas por todos, aunque no estén escritas y no haya nadie que las explique de manera formal, de romperse, en algunos raros casos llegan al punto conflictivo de la violencia. Donde según me dieron a entender, una vez fue corrido a los golpes un supuesto estudiante de derecho del lugar por su intención de andar consumiendo piedra y traer personas ajenas a la comunidad. Ya que como pudimos inferir de tal relato, no es permitido el consumo de todas las sustancia psicotrópicas posibles: solamente el cannabis y sus derivados por personas conocidas dentro de la comunidad de las Escaleras.

Esta regla –la de presencia de las personas ajenas a la “comunidad de las escaleras”, porque con respecto al consumo de otras sustancias es al parecer inquebrantable- sólo es flexibilizada en apariencia cuando llegan personas que no son parte de la comunidad de las escaleras, pero al menos son estudiantes de la Escuela de Sociología, los cuales, de manera espontánea hacen vida en el lugar, pero solamente en el espacio de las escaleras que están entre el piso 6 y 7. Siendo el 7 y el 8 el lugar propiamente hablando de la comunidad, como nos los describió el propio Ernesto.

Existe un interesante sentido de pertenencia al lugar, no solamente como espacio físico, sino como espacio ontológico y epistemológico.

Ontológico en la medida que los que hacen vida en el lugar sienten poder ser ellos mismos ahí, sin necesidad de aparentar, y sin ser juzgados por una serie de normativas sociales que no comparten y que de hecho, en la práctica, transgreden. Y un espacio epistemológico, ya que tal como lo describió Ernesto, existen una afiliación crítica ante las discusiones de la realidad, que si bien en su mayoría esta compartida por su afinidad hacia el proyecto político chavista en boga, no es propiamente partidaria –en términos de partido político- la discusión, sino más bien en referencia a la cosmovisión política del mundo. Sin que esto implique una actividad militante como conjunto en la actualidad -como algunos reconocen que algún momento tuvo el espacio- aunque como individualidades lleven a cabo distintos proyectos en sus respectivos espacios.

Si bien no podemos hablar de un grupo organizado como institución con normas y jerarquías formales, si pudimos observar que existe un grupo cohesionado, que comparte códigos y expectativas del lugar, de la Escuela, de la Universidad y en general de su entorno país.


[i] La Carrera de sociología en la Universidad Central de Venezuela tiene un pensum que abarca nueve semestres de materias y el “décimo” semestre, es realmente la presentación y la aprobación de la Tesis de Grado.

[ii] Todos los nombres de los informantes y participantes de éste ejercicio etnográfico son nombres ficticios por las posibles repercusiones que puedan tener sobre las personas que hacen vida en estos espacios.

[iii] Lunes 24 de octubre del 2016.

[iv] Esmoñar: acción de reducir o picar una “moña” o una porción de cannabis.

[v] Patrulla y vigía son “cantos” del popular juego de cartas conocido como “caída”.

[vi] Atorrar: acción de ser atorrante, grosero o imprudente.

[vii] Chocar el carro: se entiende como la acción de hacer una “falta” o transgresión de las normas simbólicas o escritas.

[viii] La mata de cannabis.

[ix] Bórralo: hace de explicación tautológica; se cierra la oración con “bórralo” cuando lo que estaba dicho antes era demasiado claro como para explicarlo.

[x] Spot: palabra en inglés que significa “lugar”.

[xi] Achantar: quedar en el lugar.

[xii] Plaza: Punto de distribución de drogas.

[xiii] Enchaba: dañar o poner malo el ambiente simbólico o el espacio formal.

[xiv] Chikiluki: adjetivo de ostentoso, adinerado.

[xv] Beta: neologismo venezolano que puede ser utilizado en una multilateralidad de formas inmensas, incluso contradictorias. En este caso hace referencia a la “dinámica” del grupo.

[xvi] Vaca: se utiliza para hacer referencia a la acción de que cada quien ponga algo de dinero para comprar una determinada mercancía que será repartida entre todos los que pusieron dinero.

[xvii] Quemadera: acto de fumar cannabis.

[xviii] El espacio de las escaleras se encuentra rayado por distintas pintas, graffitis, estencils, etc.

[xix] Burro: Expresión que se utiliza para describir algo grande, basto, etc.

[xx] Hace alegoría al tamaño de la cama King Size, es decir algo grande, en este caso, la vara de cannabis.

[xxi] Mano: Diminutivo de la palabra “hermano”

[xxii] Comuna 620 es una serie de materos que están entre el piso 7 y 8 de las escaleras oestes de la FaCES.

[xxiii] 720 y 620 son los últimos salones del piso 6 y 7 hacía el lado Oeste del edificio.

[xxiv] El “problema de la mesa” es una disputa importante y conocida  que hubo entre los miembros de las escaleras y las autoridades de la Escuela de Sociología por una mesa.

[xxv] Chiwirear: Expresión de dejarse estafar, someter, etc.

[xxvi] Pa’ los perros: Expresión que denota que algo ya está en muy mal estado.

[xxvii] Profesor de la Escuela de Sociología, que al parecer transita cada cierto tiempo por el espacio para regañarlos por no articularse como grupo en algo más formal y político.

[xxviii] Comunitario: un tabaco comprado entre todos, para ser consumido entre todos.