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Nov

Cono monetario en cifras: ¿Cuánto perdió el país?

En diciembre del 2016, en el marco de una severa crisis de efectivo, el Gobierno Nacional anunció la medida de depósito coercitivo del billete de Bs.100. Así como la creación de un nuevo cono monetario conformado por los billetes de Bs. 500, Bs. 1.000, Bs. 2.000, Bs. 5.000, Bs. 10.000 y Bs. 20.000 que venían a solventar –de manera tardía- el rezago del viejo cono monetario que se encontraba vigente desde inicios del año 2008.

Sin embargo, lo que buscamos en este trabajo no es determinar cuál era el momento óptimo de realizar la ampliación del cono monetario, sino demostrar cuánto dinero perdió el país por la ausencia absoluta de una política monetaria coherente y responsable.

Pérdida de valor del cono monetario del 2008

La familia monetaria del “Bolívar Fuerte” conformada por los billetes de Bs. 2, Bs. 5, Bs. 10, Bs. 20 y Bs. 100 entró en circulación el 1 de enero del año 2008, como parte del proyecto de reconversión monetaria adoptado por el Banco Central de Venezuela (BCV) a mediados de marzo del 2007.

Sin embargo, a raíz de la vorágine inflacionaria de nuestro país, este cono se fue quedando rezagado paulatinamente. Como podemos observar en el gráfico anterior, ya para diciembre del año 2010, apenas dos años después de su implementación, los billetes de la vieja familia habían perdido al menos el 50% de su valor.

Cinco años después, en el 2015, el billete de 100 había perdido más del 95% de su valor inicial, la situación se repite de manera dramática en el resto de las piezas del cono monetario del año 2008.

No obstante lo anterior, y ante una continua expansión de la liquidez monetaria de nuestra economía, la decisión tomada desde el BCV no fue la actualización del cono monetario, sino aumentar de manera sostenida la cantidad de billetes de la misma denominación para poder cubrir la oferta de bienes y servicios.

Así, en el año 2014, cuando la familia de billetes alcanzaba una pérdida de valor alrededor del 90%, se decidió aumentar su producción de manera bárbara.

Este fenómeno, no sólo fue destinado para los billetes de Bs.100, de hecho, si observamos la curva ascendente de impresión de piezas, veremos que toda la familia de billetes fue impresa en mayor proporción.

Como podemos observar, en el año 2014 ante la pérdida del 88% del valor de los billetes, el BCV decidió aumentar la impresión de los mismos hasta alcanzar un 286% más de piezas al momento del anuncio del nuevo cono monetario.

En otras palabras, el gobierno, sin tomar en cuenta que a la par de la pérdida del valor del billete, se da un aumento en el costo de la vida de la población, intentó colocar en el mercado billetes del mismo valor facial, para cubrir la diferencia del valor real que presentaba el bolívar del año 2014 en comparación al bolívar del año 2008.

Esta medida ocasionó que hubiese más piezas, pero con menos valor, para perseguir una oferta de bienes y servicios con costes cada vez más elevados.

Si sumamos eso a la expansión de la liquidez monetaria como forma de dirigir el gasto público en la persecución de la inflación, encontramos los ingredientes de una receta mortal, que se tradujo en la severa crisis de efectivo presentada en diciembre del año 2016, donde se anunció de manera oficial la creación de un nuevo cono monetario.

¿Cuánto le costó al país la ausencia de una política monetaria coherente?

La impresión masiva de billetes, superó con creces la capacidad operativa de la Casa de la Moneda, que según un artículo publicado en la página oficial del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) tiene una capacidad operativa de 320 millones de piezas al año, divididas en la serie de billetes que van desde Bs. 2 a Bs. 50, mientras que para el billete de Bs. 100 se ha contratado los servicios de las empresas extranjeras Crane Currency, Giesecke & Devrient, Oberthur Fiduciaire y De la Rue.

Si diésemos por cierto la capacidad operativa de la Casa de la Moneda expuesta por el partido oficial del gobierno, al compararla con la cantidad de billetes puestos en circulación, encontraremos que entre el año 2012 y el año 2016 -cuando la pérdida del valor del billete correspondía a 72% y 99% respectivamente- fueron encargadas a las agencias internacionales 4.049,2 millones de piezas de los billetes comprendidos entre Bs. 2 y Bs. 50.

Tomando como referencia el costo por unidad publicado por la reserva federal de los EE.UU, principal cliente de la compañía Crane Currency, hallaremos que el precio promedio del costo de producción de un billete es de 15,8 centavos de dólar, esto quiere decir que el Estado venezolano gastó entre el año 2012 y el año 2016, la cantidad de 640 millones de dólares, solamente imprimiendo, sin contar fletes de transportes ni otros agregados, las piezas de billetes comprendidas entre los Bs.2 y Bs. 50.

Mientras que los billetes de Bs. 100, por las medidas de seguridad específicas que requieren desde un principio habrían sido encargados a casas extranjeras dedicadas al oficio de la impresión y acuñación de billetes y monedas.

Si bien el mencionado artículo del partido oficial, hace mención a que a partir del año 2015 la Casa de la Moneda (CM) habría sido adecuada para comenzar a imprimir el billete de Bs. 100 en casa, ponemos en duda dicha afirmación debido a que no contamos con la data oficial de la CM por un lado, y porque como vimos anteriormente, solamente con los billetes de más baja denominación, ya había sido superada la capacidad operativa de la misma.

Si de nuevo, tomamos como referencia el costo de impresión del dólar estadounidense, encontraremos que desde el año 2010 cuando la pieza de Bs. 100 ya presentaba una pérdida de valor del 52%, hasta el año 2016 cuando la pérdida alcanzaba el 99% con respecto a su valor inicial, el Estado venezolano invirtió en la impresión del billete de Bs. 100 una cifra cercana a los 990 millones de dólares.

Si sumamos los costos de impresión de toda la familia de billetes, podremos observar que la política de no actualizar el cono monetario le costó al Estado venezolano, únicamente en cuanto a la impresión de los billetes importados entre el año 2012 y el año 2016, al menos 1.600 millones de dólares, dos veces la cantidad de los ingresos obtenidos a través de la polémica venta del bono de PDVSA con 70% de descuento a la empresa trasnacional Golmand Sachs.

Pero la pérdida de la República no se observa al comparar directamente la cantidad de piezas impresas con su costo individual de impresión, sino al comparar el costo de impresión con el valor real del billete en la economía nacional.

Para ello, tomaremos como referencia el costo promedio de impresión de cada billete (15,8 centavos de dólar), los distintos tipos de cambio oficial que han existido en este período y el tipo de cambio paralelo de los años estudiados.

Si bien a la tasa de cambio dedicada a la importación “prioritaria” el costo de impresión en bolívares apenas alcanza entre los Bs. 0,65 y Bs. 1,5 por cada pieza, a otras tasas de cambio oficial como el SICAD II (2014), SIMADI (2015) y DICOM (2016) poco a poco el valor de los billetes empezó a ubicarse por debajo de su costo de impresión, lo que se tradujo en una mayor pérdida de divisas por una política monetaria errada.

¿Qué futuro le espera a la familia del nuevo cono monetario?

El 7 de diciembre del año 2016 fue anunciado por el entonces presidente del BCV, Nelson Merentes, la puesta en circulación de un nuevo cono monetario, conformado por la familia de billetes de Bs.500, Bs. 1.000, Bs. 5.000, Bs. 10.000 y Bs. 20.000, los cuales habían sido mandados a imprimir desde mediados de año en distintas casas internacionales.

Y se esperaba su arribo al país en el marco de una severa crisis de efectivo que llevó al Ejecutivo Nacional a tomar la decisión de aplicar una medida de depósito coercitivo, que como hemos mencionado en otro espacio, no buscaba realmente dejar sin valor el billete de Bs. 100, sino garantizar el depósito masivo del mismo.

Sin embargo, con una inflación acumulada de 536% hasta septiembre de este año, pareciera que el nuevo cono, que todavía no ha llegado a hegemonizar la oferta de billetes, ya empieza a quedarse rezagado.

De hecho, como veremos a continuación, el nuevo cono monetario ha tardado apenas 11 meses en perder el 84% de su valor. Para que tengamos una idea de lo que significa el proceso acelerado de inflación en el país, a la familia de billetes del año 2008, le tomó 77 meses alcanzar la misma pérdida.

En este caso, podemos observar claramente que se repite la misma dinámica que sucedía con la vieja familia de billetes: bajo el supuesto de que el nuevo cono sea impreso con dólar DIPRO, PDVSA estaría subsidiando la política monetaria del BCV, mientras que a tasa DICOM para personas jurídicas, el billete de Bs.500 ya se encontraría por debajo de su costo de impresión.

En cambio, si utilizáramos los datos extraoficiales de las subastas DICOM para personas naturales, billetes como el de Bs.500, Bs.1.000 y Bs. 2.000 ya estarían siendo impresos a pérdida.

De seguir esta tendencia, el nuevo cono monetario podría alcanzar la pérdida del 99% de su valor en el primer semestre del año 2018. En este escenario, cabe hacernos la pregunta de ¿Cuánto le seguirá costando a la República la ausencia de una política monetaria coherente?

 

*Artículo publicado en Revista Florencia el 15/11/17.