09
Feb

¿Qué esperar de los diálogos en Santo Domingo?

Una vez más se llega a un proceso infructuoso en los procesos de diálogo entre el Gobierno y la oposición venezolana. En un escenario de crisis económica y elecciones presidenciales adelantadas ¿Qué podemos esperar de los diálogos en Santo Domingo?

En primer lugar, para poder analizar los posibles resultados tenemos que caracterizar a los actores que juegan en el tablero y los tipos de relación que mantienen entre ellos.

La oposición venezolana se presenta como un ente heterogéneo, en su seno cohabitan distintas corrientes que pujan continuamente por conformar una unidad que tiende a ser de momentos consolidada y a ratos amorfa, que ha intentado aplicar distintas estrategias para la toma del poder en los últimos 20 años, pasando de las democráticas electorales, hasta las más abiertas posiciones golpistas y viceversa. Teniendo un saldo absolutamente negativo las posiciones abstencionistas y contadas, pero importantes victorias, en el plano electoral.

Por otro lado, estamos ante la presencia de un régimen híbrido, el cual ha venido mutando de una democracia con claros rasgos populistas a un autoritarismo competitivo presidencialista cada más autocrático, producto de un sistema de altos costos, donde las ventajas de mantenerse en el poder impiden cualquier entrega consensuada del mismo.

En este orden de ideas, la gestión de gobierno se caracteriza por realizar reformas parciales desde el Estado y por tener un partido-gobierno que mantiene relaciones mixtas y de conflicto con los distintos partidos de la oposición.

Tipo de relaciones y sus consecuencias

 

En Venezuela existe un sistema complejo de partidos, no tanto por la cantidad de elementos que lo constituyen sino por la diversidad de relaciones que existen entre ellos.

En este sentido, podemos decir que el partido oficial mantiene relaciones de cooperación y mixtas con los partidos y componentes de la coalición oficial, relaciones mixtas con los partidos socialdemócratas de la oposición y relaciones de conflicto con los partidos más radicales de la coalición opositora.

Las relaciones mixtas se caracterizan por la existencia de un intercambio cooperativo entre las partes enfrentadas, pero que se da en términos conflictivos, por no ser un intercambio completamente recíproco o equitativo. Mientras que las relaciones de conflicto son representadas por un juego “suma cero” donde la ganancia de una de las partes es directamente proporcional a la pérdida de la otra.

Sin embargo, dentro de las relaciones conflictivas, existen de tipo antagónicas y de tipo no antagónica. Las primeras son un escenario de “lucha” donde no existen reglas de juego y se busca la erradicación del adversario, mientras que las segundas son un escenario de “juego”, donde se da una competencia regulada por un marco jurídico que ambas partes aceptan, en este punto el otro no es un enemigo sino un adversario político.

Acuerdos posibles entre actores relevantes

 

El único acuerdo posible entre un régimen híbrido y una oposición encausada en el camino democrático, es aquel que facilite las reglas de juego para el desenvolvimiento de un conflicto no antagónico.

Para ello, no basta con implantar unas reglas de juego, sino que es fundamental que las reglas formalizadas, sean consecuentes con las reglas “reales” establecidas en la arena política. En este sentido, es necesario que haya concordancia de criterios para las segundas y que existan mecanismos que garanticen el cumplimiento de las primeras independientemente del grado de tensión que pueda alcanzar el conflicto.

Para que esto sea posible, la oposición venezolana no puede encarar la negociación como un conjunto heterogéneo de partidos, de ser así, facilita la consolidación de un acuerdo donde el partido mayoritario, en este caso, el partido oficial y su representantes, sea el único con la capacidad de controlar el punto crítico de decisión.

En cambio, una unidad opositora, compuesta por una coalición coherente y unificada de partidos “hacía fuera”, en la mesa de negociación, podría impulsar una “coalición ganadora mínima” de dos miembros, donde no es posible alcanzar el objetivo sin los dos actores relevantes -gobierno y oposición- que están sobre la mesa.

Hasta ahora, la coalición ganadora mínima ejercida por la oposición, ha sido “hacia dentro”, con cuatro miembros que evitan que los acuerdos internos se hagan efectivos a menos que cuente con la presencia de al menos un miembro de cada uno de ellos, sin embargo, esta estrategia se ha visto seriamente afectada al momento de proyectarla “hacia fuera” cuando el Estado realiza una reforma parcial de las reglas de juego para beneficiar a uno de los actores de la coalición opositora en detrimento de las otras partes, que genera un conjunto de tableros de juego individual con relaciones mixtas por un lado y relaciones de “lucha” por el otro.

Un escenario de acuerdos posibles, sólo será realizable con actores relevantes. Este punto es inflexivo para ambos componentes en el tablero, es decir, el Gobierno y la oposición.

¿Qué quiere decir esto?

 

Que tanto la coalición opositora “hacía fuera”, como la comisión de negociación del Gobierno solo pueden estar conformadas por actores que formen parte una de una coalición ganadora mínima en sus foros internos. La incorporación de miembros “inesenciales”, es decir, que su presencia o ausencia no sea relevante para la consolidación del acuerdo en términos efectivos, en la mesa de negociación, sólo difuminará y hará inalcanzable el acuerdo una vez llegado el punto crítico de decisión, el cual, evidentemente será transaccional, por lo que resulta necesario que sólo sea realizado entre actores que representen ambas partes de la coalición ganadora mínima.

Habrá que tener en cuenta que por las características particulares de nuestra estructura económica, donde el Estado y en específico el poder Ejecutivo, maneja a plenitud la totalidad de los ingresos rentísticos, hace que el único acuerdo posible, no sólo en términos formales, sino reales, sea un acuerdo estrictamente político.

En este sentido, los únicos derechos que efectivamente se le pueden garantizar a la ciudadanía una vez consolidados estos acuerdos, serán los relacionados con las libertades políticas y no económicas. El cambio de la orientación del modelo económico sólo será posible a través de un cambio del modelo político. Y debido al sistema de altos costos y beneficios que impera en nuestro país, el costo de no manejar los ingresos rentísticos se presenta demasiado alto como para que entre en los acuerdos de negociación a priori.

Es por ello que ratificamos que el único acuerdo posible entre una coalición mínima ganadora compuesta por dos miembros, en este caso, una unidad opositora “hacía afuera” y la comisión del Gobierno Nacional, es aquella que incluso en el marco de reformas parciales y sesgadas de un régimen híbrido, garantice unas reglas de juego mínimas para encauzar una relación de conflicto no antagónico a través de elecciones competitivas.

Eventuales riesgos de un acuerdo político

 

Aun en el supuesto de que se alcanzara un acuerdo político, que permitiera unas elecciones competitivas con un calendario electoral y condiciones mínimas acordadas y respetadas por ambas partes, el mayor riesgo de derrota sigue estando del lado de la oposición venezolana, ya no por factores externos, sino por elementos de su entera y única responsabilidad.

La falta de un candidato unitario, la carencia de una propuesta país coherente y realizable para mejorar las condiciones materiales de existencia de la población una vez alcanzado el poder, la inexistencia de un plan de reconciliación nacional creíble que aglutine todos los elementos democráticos en la construcción de nuevas reglas de juegos en una posible etapa de transición, un plan viable para garantizar que la Fuerza Armada Nacional mantenga un apego a la constitución en un nuevo gobierno y la imposibilidad de movilizar electoralmente a sus bases, después de haberlas encausado en un fracasado plan de “hora cero” hace cuesta arriba una victoria electoral que, aun en un escenario de elecciones con elementos sesgados a favor del partido oficial, dada la crisis política y económica que atraviesa el país, parecía posible.

Es por ello, que aun logrando un acuerdo político que permita dirimir el conflicto en la arena electoral, la oposición puede salir derrotada.

Incentivos del Gobierno para aceptar las reglas de juego

 

Más allá de los supuestos epistemológicos de las democracias occidentales, en Venezuela, el apoyo popular resulta sólo un elemento subjetivo en el mantenimiento del poder. Los elementos objetivos que permiten la construcción hegemónica del ejercicio del poder en nuestro país son el control sobre los ingresos rentísticos y el apoyo de la Fuerza Armada Nacional.

En Venezuela, por las particularidades de su estructura económica, el Estado, en teoría, no necesita de los ingresos provenientes del trabajo de su población. Por eso el Gobierno Nacional se muestra completamente indolente ante el éxodo masivo del bono demográfico y la depauperización de las condiciones laborales locales.

Dado que los máximos componentes de la Fuerza Armada Nacional tienen incentivos para seguir apoyando la consolidación del régimen actual, motivado a la instauración de lo que hemos pasado denominar el Estado Neoliberal Militar. El único elemento de presión viable es establecer la imposibilidad de movilizar a discreción los ingresos rentísticos que permiten reproducir el modelo de acumulación actual.

Tiene que quedar claro que el bloqueo comercial no será efectivo en la medida que afecte a la población, dado que como mencionamos antes, el modelo de reproducción de capital de los agentes en el poder no depende del ejercicio reproductivo de ella. Sino que tiene que estar dirigido a la imposibilidad de reproducir el modelo de acumulación de los actores directos del Gobierno, aunque esta modalidad inevitablemente también afecta la reproducción de vida de la población, ya de por si depauperada a niveles nunca antes vistos en nuestra historia contemporánea.  

Acuerdos ideales entre posibles actores

 

En el escenario actual, como mencionamos con anterioridad, la coalición ganadora mínima en la mesa de negociación sería de dos miembros con el único fin de establecer las reglas del juego que permitan dirimir el conflicto político en un marco de reglas aceptadas por todas las partes.

Esto no quiere decir, por supuesto, que estos partidos sean los únicos actores relevantes en el terreno nacional, sino que en este momento de la negociación, estos son los únicos actores nacionales con la capacidad de decisión sobre el punto crítico.

Sin embargo, la resolución del conflicto en el largo plazo, tendrá que incluir un amplio acuerdo de reconciliación nacional, donde formen parte los más amplios sectores democráticos de la sociedad, representados en los diversos partidos aglutinados en la MUD y el Gran Polo Patriótico, dispuestos a aceptar unas reglas de juego donde los conflictos se diriman a través de las normas establecidas en el marco jurídico.

 

*Artículo publicado en Revista Florencia el 9/2/18