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May

¿Qué está en juego en las elecciones del 20M?

Este año los venezolanos hemos asistido de manera convulsa a dos situaciones concretas: la depauperización acelerada de nuestras condiciones de vida y las agendas políticas veloces y espasmódicas.

En un intento por descifrar las primeras, hicimos dos entregas que tocaban el colapso económico y el estallido social como posibles salidas fallidas de la crisis. Y en un intento por desglosar las segundas, analizamos primero los diálogos en Santo Domingo y después, una vez anunciada, las expectativas iniciales alrededor de la candidatura de Henri Falcón.

Teniendo en cuenta estas aproximaciones iniciales al escenario económico, político y social, se vuelve necesario actualizar las perspectivas del conflicto político, para entender lo que está en juego de cara a las elecciones del 20M.

Las miserias políticas de los abolengos

Venezuela atraviesa por la peor crisis económica de su historia contemporánea, la cual sucede en el marco de la deriva autoritaria de un Gobierno en proceso de transición de un autoritarismo competitivo a un autoritarismo hegemónico. En este escenario, al analizar los diálogos en Santo Domingo, sugerí la conformación de una “coalición mínima ganadora” entre “actores relevantes” que permitiera garantizar unas reglas de juego mínimas para encausar el conflicto en unas elecciones competitivas.

Sin embargo, este proceso requería la coherencia programática de las élites políticas que representan los grandes partidos de oposición, y ante el fracaso del proceso de diálogo y la posterior línea de acción de convocar y promover la abstención abierta, cuando no la intervención extranjera, ha quedado claro que nunca se trató de un problema táctico, sino de una visión estratégica exclusiva, elitista, antidemocrática y sujeta al más grosero tutelaje extranjero.

En este sentido, si algo ha terminado demostrando la candidatura de Falcón, ha sido las miserias de una elite política en decadencia, cuya línea argumental es la antipolítica y que decidió, de manera unilateral, abandonar a la población a su suerte a la espera de que el conflicto social exacerbado les otorgue el trono que creen merecer por derecho divino.

Hoy la candidatura de Falcón representa la oportunidad histórica de dispersar las nomenklaturas tropicales de un sistema político en decadencia. Por un lado, amenaza la continuidad de la vorágine del Estado Neoliberal Militar y por la otra, arriesga el monopolio de representación política de sectores elitescos completamente divorciados con la realidad social del venezolano, elementos qué, aunque disímiles en las formas, representan dos caras de la misma moneda en el fondo.

Las fuerzas vivas de la sociedad

También es cierto, que al realizar el análisis inicial de las expectativas de la candidatura de Henri Falcón, afirmaba que estábamos ante el “cascarón de una representación opositora, una candidatura simbólica que no aglutina las fuerzas sociales que dice representar, es decir, no estamos ante la presencia de una coalición mínima ganadora”.

En esa oportunidad llegaba a esa conclusión debido a que en su momento, Falcón no controlaba la movilización efectiva de la base electoral, no mantenía una relación de cooperación con los actores relevantes de la oposición, no había ganado el apoyo del empresariado nacional y no contaba con los factores eclesiásticos tradicionales. Es decir, no contaba con el apoyo institucional de las fuerzas vivas de la sociedad.

Hoy la situación ha cambiado completamente.

Y si bien Falcón no ha logrado conseguir el apoyo institucional de estas organizaciones, amén que ha traído como resultado la clarificación de los espectros políticos de la sociedad venezolana, las fuerzas vivas que la componen, es decir, las personas que hacen que la institución tenga vida y no sea únicamente un conjunto de normativas abstractas o edificios vacíos, ante la carencia de una línea de acción coherente de cara a las elecciones del 20M, se han ido plegado paulatinamente a la decisión de participar en las elecciones, cuando no, apoyar abiertamente la candidatura de Falcón.

Este elemento resulta fundamental, puesto que si aún podemos asegurar que se tratan de elecciones que no son competitivas, por darse bajo la reglas de juego de un régimen autoritario-competitivo; con la participación de las fuerzas vivas de la sociedad, se pone en juego la legitimidad de origen del proceso electoral, que en última instancia es la participación electoral efectiva de la población.

¿Qué está en juego en las elecciones del 20M?

El 21 de mayo, la vida continuará. Contrario a la campaña de la antipolítica que aboga por Maiquetía como la única salida, habrá venezolanos que no tendrán intenciones o se encontraran imposibilitados para irse, se pararán temprano para asearse con tobos por la falta de agua, y saldrán con el poco efectivo que pelearon el día anterior en el cajero para coger un camión sin barandas que los baje a la ciudad, seguirán rindiendo su salario como puedan, mientras acostumbran el estómago a realizar comidas incompletas, a tratar las enfermedades con remedios caseros y resolver –en el mejor de los casos- con los 20, 30 o 50 dólares que les envía algún familiar que se fue en búsqueda de las oportunidades que aquí se le cerraban.

Sí, la vida continuará después de las elecciones del 20M, pero no será la vida como la conocemos hoy, hay que ser responsables al asumir que de ganar Nicolás, las condiciones materiales de existencia de la gente continuarán empeorando hasta proporciones nunca antes vista en nuestra historia contemporánea, sin que eso implique necesariamente el colapso del gobierno o la presencia de un estallido social.

 

*Artículo publicado en Revista Florencia el 16/5/18