25
May

La necesidad de una nueva alternativa política

Algunos pueden aseverar que el domingo 20 de mayo se obtuvieron los resultados esperados con la victoria de Nicolás Maduro en su intento de la reelección presidencial, sin embargo, se hace necesario realizar un análisis crítico sobre los porcentajes obtenidos por cada alternativa, para dilucidar la nueva correlación de fuerzas existente en el país, la cual parece reafirmar la necesidad de una nueva alternativa política.

¿Qué expresa la abstención?

La abstención como método político de acción es exactamente lo contrario al ejercicio del voto, pero no sólo en la praxis, lo cual es evidente, sino en sus significantes: mientras que el voto es una de las maneras que tiene la ciudadanía de intervenir en las decisiones públicasla abstención es una manera de ensimismamiento en el ámbito privado que ejerce el ciudadano individual. Y si bien la democracia no se limita únicamente al ejercicio del voto, también resulta cierto que sin elecciones, no hay democracia posible.

Este hecho implica un llamado urgente al análisis crítico de la abstención militante, e implica un estudio no solamente sobre el avance de la deriva autoritaria del Gobierno, sino la propensión al autoritarismo de una parte de la sociedad. Este hecho, explicado por Ernesto Laclau de manera brillante, tiende a darse cuando la necesidad ontológica del cambio político, supera la afiliación óntica a determinada postura ideológica, lo que en efecto, puede significar una radicalización de la democracia o en su defecto, abrirle la puerta a posturas claramente autoritarias. Así vemos cómo sectores que se asumen “democráticos”, terminan plegándose a propuestas dirigidas hacia una intervención militar, cuando no, una guerra fratricida.

Pero decir que la mayoría de la abstención fue causada y dirigida por una minoría política sería un error de composición fatal. Sería asignarle a una dirigencia política disminuida un liderazgo nacional que no tienen y lo que es peor: no comprender el sentimiento de desafiliación política e institucional por el que transita una buena parte de la población venezolana.

Este sentimiento de desafiliación, motivado por un conjunto de factores diversos que van más allá del “simple” resurgimiento de la “antipolítica” como línea de acción, también se atribuye a la falta de transparencia de los organismos estatales y su incapacidad manifiesta de resolver los problemas más elementales de la población.

En tierra de ciegos el tuerto es Rey

Si bien Nicolás Maduro resultó reelecto como Presidente de la República, el juego estadístico de vanagloriarse del triunfo con el 68% de los votos efectivos en las elecciones con la menor participación de nuestra historia democrática, no es más que un ejercicio propagandístico, como los que nos tiene acostumbrado hacer el Gobierno cuando muestra datos nominales y no reales de la economía. Un truco que no solo pasa por lo evidente, sino que resulta una estocada de muerte a lo que en su momento fue la bandera política del chavismo: la democracia participativa y protagónica.

No querer encarar la realidad de la caída de la popularidad del Presidente, aún con toda la maquinaria de movilización del Estado a la disposición del partido de Gobierno, es una muestra clara del decaído y decayente sistema político-argumental que envuelve y sostiene el proceso político del Gobierno. A tal punto, que las pobres democracias americanas, signadas históricamente por su alto grado de abstención, resultan ahora elementos de comparación positiva y no razones para contrariar los sistemas políticos estrictamente “representativos” de las élites aristocráticas en el poder.

Sin embargo, y a pesar del chantaje ideológico ejercido por la cúpula del partido político del Gobierno, la realidad es que en Venezuela, el chavismo sigue siendo una fuerza histórica viva que hace acto de presencia en nuestra cotidianidad. Amplios sectores de la población siguen dando su voto de confianza al proyecto político del Gobierno, y en la mayoría de los casos, si bien el voto puede llegar a ser premiado en algún momento con una prebenda clientelar, la realidad, es que se realiza por la sensación de apoyar un proyecto político que discursivamente se identifica con los rasgos idiosincráticos de los sectores populares de la población.

La construcción de una nueva alternativa política

El “madurismo” como corriente política pragmática y ecléctica, distanciada cada vez más en la praxis de las necesidades concretas de las mayorías, se presenta hoy como la minoría mejor organizada del país. Mientras que la contracara política, muestra una oposición disminuida y reaccionaria que no tolera el ejercicio político-organizativo de tratar con las mayorías depauperadas que hoy representan el 90% de la población, por lo que han decidido, de manera irresponsable, delegar el único trabajo que tenían como políticos a fuerzas exógenas y abstractas a la espera de una supuesta intervención armada o un conflicto civil que logre, por la vía de la fuerza, lo que ellos nunca han podido lograr por la vía democrática.

En este escenario, las mayorías que ven cada día más depauperadas sus condiciones de existencia, se arriesgan a quedar en medio de la vorágine en decadencia del madurismo sin renta y una oposición con claros rasgos fascistas y castizos; ambos espectros caracterizados por la ausencia de un Plan de Gobierno real que pretenda solucionar los conflictos del país.

Hoy, resulta urgente el nacimiento de una nueva alternativa política: plural, democrática, incluyente, con un Plan de Gobierno real enfocado en solucionar la crisis que sufren las mayorías del país. Una nueva alternativa política que este en la capacidad de reducirle el monopolio de la representación a la oposición política tradicional, y que tenga la intención de disputar el monopolio emocional: de manera sincera, honesta y no clientelar; de los sectores populares, hoy dominado por el chantaje ideológico de los factores en el poder.

Eso sólo será posible con un trabajo riguroso de base, rescatando el valor del voto en democracia y siendo alternativa real al discurso político que pretende impulsar a la mitad de la población al exilio y a la otra mitad a soportar condiciones materiales de existencia penosas y críticas.

 

*Artículo publicado en Revista Florencia el 25/5/18


Referencias

  • García, A. (2008). La potencia plebeya. Acción colectiva e identidades indígenas, obreras y populares en Bolivia. CLACSO. Buenos Aires, Argentina.
  • Laclau, E. (2014). La razón populista. Fondo de Cultura Económica. Ciudad de Buenos Aires, Argentina.