09
Jul

El militarismo contra las grandes mayorías

El Estado Neoliberal Militar, como modelo hegemónico de apropiación de la renta por parte del estamento militar, realizó su aparición pública con fuerza a partir del año 2016 tras la creación de la Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras, Petrolíferas y de Gas, C.A (CAMIMPEG), una empresa militar que podía ejercer las mismas funciones que la otrora empresa civil PDVSA.

La creación de esta compañía ponía en jaque no solamente todo el ordenamiento jurídico referente a la cuestión petrolera, sino que además, amenazaba la composición “tradicional” del Estado moderno, ya que las fuerzas creadas para mantener el monopolio de la violencia legítima en manos del Estado, empezaban a cumplir funciones que implicaban resguardar, ya no la soberanía nacional, sino sus intereses económicos particulares.

Esto implicaba, además, un cambio en la representación simbólica de la Nación, ya que uno de los estamentos que la componen, en este caso, el militar, empezaba a hegemonizar la representación de la Nación toda, pero ya no solo a nivel simbólico sino a nivel práctico en la captación de la renta petrolera.

Sin embargo, si somos exhaustivos en el análisis, tenemos que decir que este proceso de apropiación de las funciones del Estado para el beneficio económico propio, no es exclusivo del estamento militar, aunque en efecto, para el resto de los factores que componen la sociedad sea el más evidente.

Al contrario de ser un caso aislado, esta apropiación de las instituciones del Estado para el beneficio económico propio resulta la practica fundacional del Estado patrimonialista por parte de todas las elites políticas del país, independientemente de su afiliación ideológica, como recientemente se ha demostrado en los trabajos de investigación del portal Armando Info.

La apropiación de la representación en la cotidianidad

A partir del año 2016 empezamos a ver cambios profundos en el fondo de la concepción de del rol que jugaba el componente militar en el sostenimiento político del Gobierno y en la apropiación de la renta nacional en lo económico por parte de este estamento. Sin embargo, sutiles ante la mayoría de la población, estos cambios de fondo como los de la CAMIMPEG pasaban “desapercibidos” por los cambios en las formas –mucho más evidentes- en la manera en la que se ejecuta dicha apropiación.

Dos años después, ante un consolidado Estado Neoliberal Militar, la apropiación de esta renta pasa por la apropiación absoluta de la representación práctica y simbólica de las grandes mayorías en la cotidianidad. Un estamento de la nación, sobre el que descansa el monopolio de la violencia, se ha apropiado de la representación de la nación entera, un proceso de apropiación que es avalado y sostenido por los que hoy reposan en el poder, puesto que de ello depende poder mantener el mismo.

Así vemos como durante la peor crisis económica de nuestra historia contemporánea los beneficios del estamento militar ya no sólo están en el fondo, tras el telón de un estado de derecho corroído y confuso, sino al frente de nuestros ojos, en el acto principal de la cotidianidad.

Hoy la carrera militar es la mejor pagada –con creces- de toda la administración pública: sus salarios se ubican muy por encima de roles fundamentales en toda sociedad como lo son los maestros y los médicos de los hospitales públicos. El mensaje es claro: las élites políticas han abandonado a las grandes mayorías a su suerte.

La realización del antagonismo

La situación de opresión, aunque dada de hecho, no implica un antagonismo per seentre los sujetos opresores -en este caso, lo que nosotros hemos denominado como las élites políticas en el poder- y los sujetos oprimidos o las grandes mayorías. Para que existe una situación de antagonismo es necesaria la realización de un proceso que transita en dos etapas: la primera consiste en reconocer y hacer consciente la situación y nuestra posición en el conflicto; y la segunda, destinada a que los sujetos oprimidos se opongan o rechacen el sistema y los actores que los oprimen.

En la situación de opresión está el germen del antagonismo, pero sólo en la contradicción al estatus quo de parte del oprimido se encuentra el verdadero acto de rebeldía al sistema opresor.

En Venezuela, esta contradicción se encuentra presente pero quebrada. Contraria a presentarse como un todo indivisible, puesto que la causa de la insatisfacción de las necesidades se encuentra realizada por las mismas elites políticas en el poder, se nos muestra de manera aislada, y por tanto, pérdida en el gran universo de demandas individuales insatisfechas de nuestra sociedad.

La construcción de una nueva alternativa posible, que se enfrente en su conjunto a las elites en el poder, pasa por unificar el grupo de demandas individuales insatisfechas de la población hasta convertirlas en un importante conjunto de demandas sociales insatisfechas, pero unificadas en su pedido, ese será el primer paso para la reconstrucción del tejido social solidario y la posibilidad de la creación de una nueva alternativa política.

 

*Artículo publicado en Revista Florencia el 9/7/18