20
Jul

La representación política de las grandes mayorías

La situación de opresión, aunque funciona como caldo de cultivo del malestar no es requisito suficiente para la generación de una nueva alternativa política. Primero, tiene que realizarse la contradicción; la contradicción del sujeto oprimido con respecto al sistema que lo oprime; el antagonismo entre las grandes mayorías depauperadas del país y una elite política incapaz e indolente.

Pero esta contradicción, aunque dada de hecho, se nos muestra aislada y quebrada, se nos presenta como un conjunto de reclamos individuales, para ser más precisos: como un conjunto de demandas individuales insatisfechas. Sin embargo, la reconstrucción del tejido social pasa por entrelazar las hebras de las peticiones aisladas hasta conformar el conjunto de demandas sociales que necesitan tener una voz unísona para que puedan ser atendidas.

Esos son, digamos, los dos primeros pasos. A saber:

Una situación de antagonismo ante el estatus quo y la intención manifiesta de aglutinar ese descontento, cuya relación equivalencial se nuestra a plenitud en torno a la insatisfacción de las demandas y por presentar la misma causa del problema; es decir, que tenemos un conjunto de demandas individuales insatisfechas que tienen el potencial de ser demandas sociales porque tienen un común denominador: son ocasionadas, o al menos no resueltas, por una elite gobernante que ha abandonado a su suerte a las grandes mayorías del país.

La renuncia a la representación por parte de las élites políticas

Sin embargo, la idea de una voz unísona de las demandas para que puedan ser atendidas o resueltas, es sólo la expresión metafórica para explicar que necesitan ser representadas en su conjunto por un discurso político, que no solamente les de voz, sino les de credibilidad, un discurso político y un plan de acción que haga saber a la opinión pública que dichas demandas no solamente existen, sino que además, son legítimas.

Y en la medida que existen y son legítimas pueden ser representadas por un discurso que no solamente transmita lo que estas demandas expresan, sino que a su vez, les dé un punto de identificación común, es decir, una representación política.

En cambio, las elites gobernantes del país, encarnadas tanto en el Gobierno como en la oposición tradicional, se han limitado –en el mejor de los casos- únicamente a darles una semivoz a estas demandas; algo a medias, espurio, ficticio, que cómo el semicuero, es más sintético que orgánico, y puesto que no existen las semivacas tampoco existen las semirepresentaciones.

En este sentido, la élite política del Gobierno ha renunciado a representar a las grandes mayorías, en cambio, ha decidido ser el garante de los beneficios de una elite militar.

Por su parte, la elite política de la oposición tradicional, asume que no es necesario representar la voluntad de las mayorías, puesto que parten del principio que la voluntad general nace antes de la representación, sin comprender, que voluntad general y representación política son elementos indisolubles.

Si no hay una voluntad general de cambio no existe nada que representar, pero si no existe la representación, la voluntad general se queda aislada, de hecho, siquiera sería voluntad general, sino un conjunto de voluntades individuales cuyos reclamos naufragan en el mar de las demandas insatisfechas.

Esta lógica de acción política ha encauzado a la elite política de la oposición tradicional a transitar un laberinto apolítico sin salida, donde asumen que dada la situación de opresión ya existe el antagonismo, sin saber que el primero es solo el germen del segundo, y que además, el antagonismo se transformará por si solo en apoyo irrestricto a su opción política. Nada más lejos de la realidad.

Hoy se vuelve necesaria la construcción de una nueva alternativa política que entienda que dada la situación de opresión, se vuelve ineludible generar el antagonismo, y una vez forjado el antagonismo se vuelve necesario encausarlo, dándole voz y legitimidad a las demandas sociales de las grandes mayorías de nuestro país.

Sólo así podremos reconstruir el tejido social fracturado por la crisis que atraviesa nuestro país en la actualidad.

 

*Artículo publicado en Revista Florencia el 20/7/18