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Jul

La paradoja del poder: autocracia y grandes mayorías

A diferencia de lo que puede ocurrir con un sistema de gobierno de rasgos democráticos e institucionales, la crisis económica en un país cuya estructura rentista le permite prescindir hasta cierto punto de su población, no necesariamente termina siendo una amenaza a la gobernabilidad de los grupos de poder en un régimen autocrático. Menos cuando ante la protesta social aislada, la respuesta desde las elites políticas en el poder es la impunidad del saqueo en algunos casos y la invisibilización de la demanda en otros.

Sin embargo, en el avance autocrático que permite mantener el poder socavando las bases institucionales para resistir las condiciones sociopolíticas y económicas adversas, se van destruyendo precisamente las vías legítimas para atender las demandas insatisfechas de la población. Y si bien la permisión de la protesta, cuando es una demanda insatisfecha, puede servir como una válvula de escape a la presión de un grupo específico, en ningún momento esto significa que esa demanda este siendo atendida o siquiera representada.

En este sentido, -y hay que ser enfáticos en esto- a medida que el gobierno avanza en su paso firme hacia un régimen autocrático, puede ir aglutinando un poder sin contrapesos institucionales, pero precisamente por ello, va destruyendo las vías institucionales para atender a las demandas de la población.

La legitimidad de las demandas sociales insatisfechas

En Venezuela a medida que avanza la crisis sociopolítica y económica, se hace cada vez más evidente la brecha existente entre los derechos constitucionales, los derechos ofrecidos por el gobierno y los derechos de los cuales efectivamente goza la población. En este sentido, y motivado a los factores que hemos mencionado antes, se ha ido reduciendo hasta su inexistencia las vías institucionales tradicionales que atendían y le daban legitimidad a las demandas insatisfechas de la población.

Sin embargo, que se haya eliminado las vías para ejercer y resolver el reclamo sectorial, no significa ni que se haya solventado la demanda, ni que esta se haya convertido en ilegitima. Pero por supuesto, al no existir institución que atienda la demanda, el juego es otro, y se vuelve necesaria la construcción de una nueva alternativa política, que no solamente le de voz, sino legitimidad y un punto de identificación común, es decir, una representación política.

Cómo se construye la legitimidad donde no existen instituciones

Hasta aquí, hemos avanzado en las posibles consecuencias de un colapso económico en un régimen autocrático petrolero, las posibilidades de un estadillo social dada la crisis económica y la crisis de representación políticaque sufren las demandas sociales de las grandes mayorías, lo que nos ha llevado a concluir que existe una paradoja en el sostenimiento del poder de un régimen autocrático durante una crisis socioeconómica, al menos para el caso venezolano: a medida que aumenta el control sobre las instituciones, lo cual implica muchas veces su destrucción, el gobierno va renunciando a representar cada vez más demandas sociales insatisfechas, y estas, al quedar flotantes, se encuentran en disposición de ser aglutinadas en una nueva alternativa política, que a la larga, puede terminar por fracturar la coalición dominante en el poder.

En este sentido, hemos hablado de la necesidad de reconstruir el tejido social quebrado, a través de la reunificación de estas demandas sectoriales hasta convertirlas en un gran conjunto de demandas sociales insatisfechas, cuya equivalencia viene dada por dos causas distintas, pero indivisibles: que son demandas no resueltas y que el motivo de su irresolución es consecuencia directa de la ineficacia y la indolencia de las elites en el poder.

Sin embargo, inevitablemente surge la pregunta de ¿Cómo darles legitimidad cuando las instituciones que deberían atenderlas han sido quebrantadas?

Contradicción y construcción

El proceso de otorgarles legitimidad a las demandas sociales en un sistema institucional vulnerado se puede resumir en la siguiente frase: la contradicción al estatus quo y la construcción de una nueva alternativa política.

Tableros distintos, pero que se juegan en simultáneo: dado la opresión del sistema político a las grandes mayorías, se vuelve necesario realizar la contradicción. Cómo esta contradicción está dada pero aislada, el paso siguiente es representarla en una alternativa política. Pero cómo las instituciones que se deberían encargar de atender estas demandas están vulneradas –y aquí viene el quid político de la cuestión- la nueva alternativa no puede optar por atenderlas a través de los mecanismos tradicionales, sino que tiene qué, de manera obligatoria, ser algo diferente y novedoso. Novedoso en el sentido que esta nueva alternativa tiene que pretender realizar un nuevo proyecto fundacional, porque no puede intentar recomponer instituciones que ya no existen, sino que tiene que construirlas de nuevo.

En ese caso, el proyecto fundacional no es una cuestión de retórica, ni de mesianismo, sino un elemento vital que esta forjado en la reconstrucción total del tejido social. Y digo “reconstrucción total”, precisamente porque las elites políticas en el poder han arrasado la totalidad de las instituciones y han destruido por completo las condiciones materiales de vida de las grandes mayorías.

Quien no inscriba la reconstrucción del tejido social y la atención de las demandas sociales de las grandes mayorías en un nuevo proyecto fundacional, no está en la capacidad de darles legitimidad a las demandas sociales insatisfechas.

 

*Artículo publicado en Revista Florencia el 31/7/18