02
Feb

La democracia en peligro

Hoy la democracia en Venezuela se ve amenazada por dos frentes igual de peligrosos: por una parte, vemos el avance autoritario del gobierno nacional. Quien en su afán de dominar las instituciones, las vuelve completamente inoperativas en la atención de las demandas de las grandes mayorías. Por el otro frente, se cierne sobre el horizonte la amenaza de una intervención militar extranjera.

En este sentido, las élites políticas venezolanas han demostrado un fracaso histórico en este período. Desde el poder, cada día resulta más evidente la incapacidad para solventar la crisis socio-económica que azota al país. Desde la oposición tradicional, han demostrado una vez más la impotencia de frenar el avance autocrático del gobierno por sus propios medios, teniendo que refugiarse sin más, en una estrategia política que responde abiertamente a los intereses de Washington.

¿Dónde quedo la izquierda democrática nacional?

La izquierda democrática nacional tiene una cuota importante de responsabilidad en este empate catastrófico. La corriente bolivariana y chavista fue radicalmente cooptada bajo el partido-Estado del PSUV hasta perder cualquier contacto con la realidad de las grandes mayorías. Por su parte, en la corriente socialdemócrata, asociada a partidos tradicionalmente opositores, sucedió lo mismo, pero bajo la subordinación a los intereses de una derecha conservadora y reaccionaria, sin ninguna intención de representar los intereses populares de la nación.

Hay que decir que existen sectores que desde ambas corrientes han empezado a romper con estos lastres en los últimos meses. Pero al sol de las circunstancias de hoy, también hay que decir, que quizás de manera tímida y tardía.

Este hecho les ha impedido encontrar rendijas por donde penetrar para captar la atención de las demandas populares de las grandes mayorías depauperadas del país que hoy se encuentran de frente con el peor escenario posible: tener que escoger entre una intervención extranjera o un gobierno totalmente incapacitado para solventar la crisis socio-económica por la que atraviesa el país.

Solidaridades automáticas desde el extranjero

La izquierda mundial, en términos generales, parece pérdida: en Europa no encuentran el camino para frenar el avance de los nacionalismos de derecha radical. En América Latina, los otrora gobiernos progresistas o han salido del poder o se mantienen a través de una senda autocrática y cada vez menos popular.

En este escenario, el único guion que manejan estas autoridades sobre el caso venezolano, es que la amenaza imperialista se cierne sobre el petróleo. Pero el discurso parece cansado, se dice de manera automática y sin reflexión al respecto. Obviando el trato que le ha dado el gobierno a la industria petrolera en los últimos cinco años. Haciendo la vista gorda sobre la pérdida de la soberanía en el territorio a manos de grupos irregulares en las zonas mineras del país. Y lo que es más importante: invisibilizando totalmente el carácter popular de las demandas de cambio de las grandes mayorías en el país. Demandas de cambio que poco tienen que ver con el intervencionismo estadounidense.

De esta forma, cuando vemos las declaraciones de una parte de la izquierda mundial sobre el caso venezolano, nos damos cuenta que las solidaridades automáticas viajan a la velocidad de la luz. Mientras que las críticas ante los desvíos del otrora proyecto popular viajan, sí es que lo hacen, a la velocidad de las “perreras”.

La democracia en Venezuela se encuentra amenazada

En Venezuela existe una amenaza real. Quizás más real que nunca en la historia contemporánea, de entrar en una guerra fratricida producto de la “balcanización” del Estado.

No es propaganda cuando se dice que el escenario ha sido probado en Irak, Libia o Siria. Siendo evidente en todos los casos, la incapacidad del gobierno estadounidense de establecer un control del territorio posterior a la intervención, dejando a su paso una estela de Estados fallidos quebrados económicamente.

En cambio, la consecuencia de estas intervenciones se pueden medir con las más de 500.000 vidas sesgadas, 5.600.000 desplazados hacía el extranjero y 6.100.000 desplazados[1] dentro del territorio nacional en siete años de conflicto dentro del territorio sirio. Esta realidad no resulta diferente para el resto de los países mencionados.

Ahora, la catástrofe del intervencionismo estadounidense alrededor del mundo, no hace menos ciertas las condiciones realmente dramáticas a la que el gobierno nacional ha sometido a las grandes mayorías en el país. Nada más en términos económicos hablamos de una caída acumulada del PIB del 44,3% en 5 años. 14 meses en hiperinflación y contando.  Una caída de la producción petrolera del 50% en 5 años. Y escándalos de corrupción multimillonarios que hoy nos avergüenzan alrededor del mundo.

Todos estos, hechos que atentan de manera frontal contra la realización de las condiciones materiales de existencia de una población afectada por la pobreza, la subalimentación y la carencia de todos los servicios básicos elementales, incluyendo la educación, la salud, el acceso al agua potable y la electricidad.

Como resulta evidente, en ninguno de los dos escenarios se puede argumentar que se privilegie el bienestar de la población. En ninguno de los dos escenarios existen instituciones capaces de atender y resolver las demandas de las grandes mayorías. Y por tanto, en ninguno de los dos escenarios existe una democracia posible.

La izquierda progresista y su relación con la democracia

En el mundo actual, urge el nacimiento de una izquierda renovada. Con valores progresistas y democráticos que logre ser una alternativa real, no solamente ante los avances del fascismo aggiornado, sino ante los desmanes de los otrora gobierno populares.

En el caso venezolano, en la actualidad, las esperanzas de solventar el conflicto político sin que se dé una escalada de la situación bélica o de ingobernabilidad producto del empate catastrófico parecen disminuidas. En ese escenario, la atención de las demandas populares por parte de los actores sobre el tablero, también se dirigen a un segundo plano.

El gobierno hace tiempo renunció a representar a las grandes mayorías, hoy de hecho, las criminaliza. En el otro sector, es evidente que la cadena demandas que adscribe la oposición tradicional no están dirigidas hacia ese objetivo. En otras palabras, si hoy las clases populares se pliegan a la protesta, es exclusivamente por la necesidad de cambio que perciben como condición sine qua non para satisfacer sus demandas y no por el apoyo a ningún proyecto político abiertamente intervencionista.

Pero los tiempos no dan. La crisis socioeconómica ha llegado a un punto de quiebre y el empate catastrófico amenaza con la entronización definitiva del peor gobierno de la historia republicana del país o la invasión militar extranjera, cuya experiencia de larga data nos da muestra de los resultados a esperar.

Una solución democrática en Venezuela pasa por el espinoso tránsito de convertir al enemigo en adversario. La reinstitucionalización acelerada del país. El establecimiento de una reglas de juego que garantice el pluralismo político. Y la realización de unas elecciones adelantadas, libres, con participación de todos los actores políticos, con poderes renovados y una amplia observación internacional.

De lo contrario, Venezuela se dirige a un atolladero que compromete no sólo la estabilidad del gobierno, sino la existencia del Estado-nación.

 


[1] Al respecto se puede ver el artículo publicado en El País titulado Más de 500.000 muertos en siete años de guerra en Siria

 

*Artículo publicado en Revista Florencia el 25/1/19