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Dic

Venezuela 2020: normalización de la crisis y aumento de la desigualdad

Lejanos parecen aquellos días cuando los apagones generales parecían eclipsar el futuro del país. Quizás tan lejanos como el interés político que despertaba un joven diputado que se proclamaba Presidente Interino, o tan distante como la denuncia preocupada de los países vecinos por la caravana de expatriados que caminaban por América Latina.

Hoy, en plena época decembrina el escenario parece otro, caracterizado por la aparente normalización de la crisis y el aumento de la desigualdad. Por ello, ha llegado el momento de preguntarnos: ¿Qué podemos esperar para Venezuela en el año 2020?

A continuación, algunas pistas de lo que puede ocurrir en el ámbito económico, político y social, así como en el plano internacional.

Escenario económico Venezuela 2020

  • La dolarización informal en el país aparece como un alivio para los grupos sociales con acceso a divisas y como un leve respiro al sector comercio tan duramente golpeado con la restricción del consumo de los venezolanos. Pero ¿esto significará una recuperación económica tras años de caída consecutivas del PIB? Resulta improbable.
  • Pese a que el intercambio de “moneda dura” se puede ver a lo largo y ancho de la capital en todo tipo de comercios, tanto formales, como informales, lo cierto es que estamos frente a una dolarización caótica, desorganizada, desregulada, y por supuesto, desigual. ¿Sostenible? ¿Definitiva? Son las preguntas que quedarán por responder a lo largo del año.
  • El colapso del Estado venezolano, junto a la dolarización informal, ha hecho que los bienes y servicios, inclusive los más elementales como la salud, el agua o la electricidad, se encuentren privatizados de facto y disponibles exclusivamente para aquellos usuarios con acceso a divisas. Es probable que esta situación se siga profundizando.
  • En el 2020 es previsible la continuación del aumento de la desigualdad, caracterizado por una brecha inmensa en los ingresos de los distintos estratos sociales y su consecuente distancia cualitativa en la calidad de vida de unos y otros grupos.
  • Continuaremos asistiendo a la desaparición de la “clase media tradicional”. Este grupo, antes impulsado por su participación activa en la captación de renta del Estado, hoy depauperado, es sostenido apenas por la posibilidad de vivir en casa propia adquirida en anteriores épocas de bonanza, con unos servicios básicos casi gratuitos, pero también inexistentes o de baja calidad, asistido por las políticas clientelares del Estado (a través del “CLAP” y el “Carnet de la Patria”, principalmente) y un acceso tímido a divisas proveniente de remesas de familiares expatriados.
  • Todo parece indicar que asistiremos al ascenso de un nuevo grupo social: principalmente jóvenes que “exportan” servicios digitales, participantes de un mercado laboral completamente desregulado y sin garantías, pero con beneficios salariales dolarizados, que, si bien terminan siendo subpagos con respecto a los estándares internacionales, en Venezuela permiten una cierta calidad de vida mediada exclusivamente por la capacidad de consumo de productos no esenciales.
  • El aumento de la desigualdad, profundizado por el colapso del Estado venezolano y la presencia de una dolarización informal, parecen transformar los imaginarios colectivos en cuanto calidad y expectativas de vida se refiere. Entender la profundidad e intensidad de estos cambios será de vital importancia para el manejo de las expectativas políticas en los años siguientes.

Escenario político Venezuela 2020

  • El segundo semestre del año 2019 se caracterizó por un escenario de estancamiento en el conflicto político: observar sí el estancamiento del conflicto ha producido una normalización de la crisis o, al contrario, la normalización de la crisis ha traído como consecuencia el estancamiento del conflicto, serán los dos puntos de partida de las principales estrategias políticas opositoras para el año 2020.
  • El deterioro de la imagen pública del liderazgo opositor ha sido notable. Numerosos escándalos han marcado la administración Guaidó en los últimos meses. Pero, más allá del menoscabo público o el escándalo mediático, lo que ha quedado en evidencia es la pobre capacidad administrativa en el emprendimiento de un Estado paralelo.
  • Hasta ahora, todo parece indicar que la oposición tradicional, aglutinada en torno al llamado “G4” mantendrá firme su posición de no participar en las elecciones parlamentarias 2020. Por tanto, el 2020 puede ser el último año en que la oposición venezolana tenga una institución oficial de representación ante gobiernos extranjeros.
  • Por lo anterior, es previsible una radicalización del discurso de los agentes que se aglutinan en torno a la figura de Juan Guaidó. No obstante, hasta los momentos, la oposición no ha demostrado tener poder ni fuerza para imponer sus consignas. En este sentido, no parece que pudiesen existir cambios sustanciales en sus capacidades para el año 2020.
  • Es probable que, de obtener una nueva mayoría parlamentaria en las venideras elecciones, el oficialismo prescinda de la Asamblea Nacional Constituyente y vuelva a “entrar en derecho” ante la mirada de la comunidad internacional. Estabilizándose en el poder y disminuyendo el margen de maniobra de la oposición tradicional.
  • Hasta ahora, los grupos de oposición que participaron en las anteriores elecciones presidenciales del 20 de mayo 2018 y que hoy se sientan en la Mesa de Diálogo Nacional, han tenido resultados parciales modestos en su agenda. Para ellos, el 2020 será un año crucial para demostrar si tienen la capacidad de liderazgo para convertirse en el nuevo grupo hegemónico de la oposición o si terminarán diluidos en la creciente atomización de la sociedad venezolana.
  • En conclusión, el único acontecimiento del año -de los previstos hasta ahora- que contará con la capacidad de modificar de manera real la correlación de fuerzas y el escenario político en el país, son las elecciones parlamentarias 2020. De los grupos que ahí participen y los resultados electorales obtenidos, dependerá el futuro político del país en el mediano plazo.

Escenario social Venezuela 2020

  • En el 2019 los venezolanos acudimos a un colapso institucional sin precedentes, donde el Estado ha demostrado que no tiene la capacidad ni la voluntad para solventar la grave crisis que atraviesa el país. Por tanto, es factible que para el año 2020 esta situación se profundice, en especial en las provincias que sufren las consecuencias de mantener una burbuja de normalidad en la capital a costa suya.
  • No obstante, en el escenario actual, caracterizado por la atomización y la transformación del tejido social, es posible que el aumento de las demandas insatisfechas no se traduzca en un aumento del descontento. Es decir, en el 2020 creíblemente existirán más motivos para protestar, pero es probable que no aumenten el número de protestas.
  • En todo caso, las protestas existentes serán reflejo de una sociedad atomizada: protestas sectoriales no interrelacionadas, aisladas, con poca incidencia política y, en consecuencia, con improbable atención de las demandas.
  • El representante especial para Venezuela de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), el expresidente guatemalteco Eduardo Stein, aseguró que para el año 2020 la migración venezolana alcanzará los 6.400.000. La mayoría de estos expatriados migran en condiciones vulnerables y de precariedad extrema.
  • Si bien la cifra es considerable inferior, no hay que ignorar la posibilidad del regreso de venezolanos al país tras el estallido de diversas crisis regionales. ¿Cómo podría repercutir un aumento de la población sobre la capacidad menguada de los servicios en el país? Será una pregunta que dará de que hablar a lo largo del año.

Escenario internacional para Venezuela 2020

  • El 2019 demostró que el apoyo de los más de cincuenta países de la comunidad internacional a la administración Guaidó, resulta insuficiente en organismos multilaterales como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), dónde, por su parte, el oficialismo ha demostrado no estar tan aislado como se esperaba.
  • Además, en el plano regional todo cambiará para el año 2020: los países que apoyaban a Guaidó atraviesan sus propias crisis internas que los obligan a redefinir sus intereses. Asimismo, se esperan elecciones presidenciales en Estados Unidos y elecciones para la Secretaría General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), dos de los principales bastiones de apoyo del interinato.
  • Para el 2020, la estrategia de “política exterior” de la administración Guaidó parece definida: buscar apoyos locales bajo el supuesto de que las protestas regionales son de alguna forma dirigidas o financiadas desde Caracas. Lo anterior, parece someter a los migrantes venezolanos a condiciones de mayor exposición y vulnerabilidad, corriendo riesgos de sufrir persecuciones y deportaciones arbitrarias donde no se garanticen sus derechos fundamentales.
  • Por su parte, si bien el oficialismo parece aislado de sus aliados naturales en la región, ha mostrado un relacionamiento pragmático con grandes potencias como Rusia, China, Turquía o Irán. La solidez de estas alianzas y el grado de compromiso existente entre las partes ha sido uno de los principales temas de interés de los últimos años y seguirá siendo así a lo largo de todo el 2020.
  • A su vez, la diplomacia oficialista, si bien ha perdido su participación en la OEA, ha demostrado un cómodo relacionamiento en la ONU, donde parece contar con el voto de un gran número de países, siendo mayoría sobre la comunidad de Estados que hasta los momentos han decidido reconocer el interinato de la administración Guaidó.
  • Por último, habrá que estar atentos a los roles que puedan jugar Argentina y México en esta nueva etapa: por su parte, el Ministro de Relaciones Exteriores argentino, Felipe Solá, ha asegurado que Argentina se mantendrá dentro del Grupo de Lima, buscando convertir el organismo en un espacio que vaya más allá de los compromisos ideológicos y donde el tema venezolano sea abordado de una manera distinta. A su vez, si bien la política exterior de Manuel López Obrador ha sido bastante tímida hasta los momentos, no menos cierto es que ha mostrado gran interés en el conflicto boliviano y se espera que presida la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) para el año 2020.