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Abr

Francisco Herrera Luque: un polemista a carta cabal

Francisco Herrera Luque fue un psiquiatra, novelista y diplomático venezolano; pero, sobre todas las cosas: fue un polemista a carta cabal. En vida, no hubo espacio por el que Francisco Herrera Luque no transitara sin ser partícipe de alguna polémica: desde la academia, hasta la ensayística; y, por supuesto, no sería distinto en su breve periplo diplomático. Detrás de esto, quizás se halle la tendencia compulsiva del autor a buscar y mostrar la verdad; o, al menos, lo que este investigador consideraba como verdad: una historia cruenta de la Independencia, alejada de la historiografía oficial, caracterizada por la presencia de una clase mantuana arribista que hereda taras psicopáticas de los primeros conquistadores; y, unas clases subalternas semi-salvajes, caracterizadas por una tendencia procaz al bandolerismo, la brujería y todo tipo de pasiones sexuales sancionadas por las “buenas costumbres” de la época.

Ahora, para abordar la obra de Francisco Herrera Luque, compuesta por 14 títulos[1] -cuatro de ellos publicados de manera póstuma y algunos con decenas de publicaciones- es necesario, por motivos obvios del método de creación entre unos y otros, marcar diferencias entre sus obras científicas y sus novelas. Y estas, a su vez, diferenciarlas entre las que fueron publicadas en vida y sus obras póstumas.

En este caso, no es nuestra intención adentrarnos en un debate médico-psiquiátrico, en el cual careceríamos de las herramientas adecuadas para el análisis, al abordar la obra científica de Francisco Herrera Luque. Sin embargo, no podemos dejar de adentrarnos en la novela herreraluqueana para intentar comprender la idea de “venezolanidad” allí expresada y las pasiones desatadas a su alrededor.

La historia verídica, fabulada y verosímil de Francisco Herrera Luque

La primera novela de Francisco Herrera Luque, publicada bajo el título de Boves, el urogallo (1972), incluye una advertencia escrita por el mismo autor que merece la pena atender de manera especial ya que será el punto de partida de todas sus obras posteriores. Así, Herrera Luque nos dice lo siguiente:

Esta es la historia verídica, fabulada y verosímil de José Tomás Boves (…) En un comienzo me asomé a él con la metódica del sistematizador, pero me encontré de pronto impedido de hablar, por eso puse de lado lo que me enseñaron y dejé que las ideas y las palabras, por ellas mismas, encontraran su forma.

¿Qué es una historia verídica, fabulada y verosímil? Alexis Rodríguez Márquez, en entrevista ofrecida a Margarita Eskenazi, la cual ha sido recientemente publicada como parte del libro Francisco Herrera Luque, una conversación final (2017) nos dice que:

Pancho [Francisco Herrera Luque] definía su trabajo como “historia verídica, fabulada y verosímil”; tres términos que a primera vista resultan contradictorios pero que, en verdad, encierran con bastante exactitud lo que esta novela representa y, en general, enuncian lo que es característico de la “novela histórica”. Boves el urogallo es una historia verídica porque es la vida de un personaje que existió, pero es también una “historia fabulada”. Los elementos ficticios inventados por el novelista que se ensamblan dentro de la estructura del relato en combinación con los elementos veraces, no son fantásticos en el sentido que no pudieran haber ocurrido, porque fuesen más allá de la naturaleza o contraviniesen la realidad natural de los hechos históricos. Son, pues, hechos verosímiles. Lo que en esta novela hay de ficción no ocurrió tal como allí aparece, pero pudo haber ocurrido así (p.124)

Si somos rigurosos, tenemos que decir que Francisco Herrera Luque no ha engañado a nadie: no solo hace una advertencia inicial, sino que, además, el particular estilo del autor lo lleva a colocar numerosos pies de páginas dentro de la novela, como si de una obra científica se tratase –que no lo es- aclarando a cada paso los hechos “rigurosamente históricos” y aquellos dónde se toma la licencia de hacer volar la imaginación para conectarlos.

Para mayor complejidad, muchos de los hechos “rigurosamente históricos” relatados en sus obras, en especial aquellos asociados a las barbaridades de la guerra, parecen insólitos e increíbles. Mientras que, aquellos donde la imaginación del novelista hace de las suyas, particularmente en cuanto a los rasgos que describen la personalidad de los personajes, parecen creíbles y verosímiles.

Ahora ¿por qué una obra que nos relata una historia fabulada de nuestro país, dónde se describe a la clase dirigente como hipócrita, clasista, racista y oportunista, nos parece creíble? ¿acaso son ciertos los prejuicios raciales del autor sobre la negritud y los indígenas en cuanto a sus expresiones mágico-religiosas y sus particulares inclinaciones sexuales? ¿por qué nos parece verosímil la idea acerca de las tendencias psicopáticas de los conquistadores y los caudillos de la Independencia? ¿Será cierto que, como dice Francisco Herrera Luque, el pueblo venezolano es “un adulto que se conduce puerilmente”[2]? Son preguntas que no tienen respuestas fáciles y que nos interpelan de manera frontal acerca de los valores no oficiales que asociamos con la venezolanidad.

Las contradicciones en la obra de Francisco Herrera Luque

La obra de Francisco Herrera Luque, si bien tienen un hilo conductor general –muy particular, además- sobre la concepción de la historia de Venezuela en sus distintos tiempos, no por ello deja de ser rica en contradicciones.

Al respecto, en algunos casos estaremos frente a un autor insurgente, mientras que en otras veremos a un sujeto reaccionario; a veces bolivariano y a veces bovista; en unos episodios aliado del positivismo de Gómez y en otros un claro detractor; y así sucesivamente con la mayoría de los personajes y escenas históricas que su extensa obra le permitió abordar.

¿Esto resta mérito a la obra herreraluqueana o es consecuencia inherente de la naturaleza contradictoria de la historia y de los hombres, que no escapa, además, a las propias contradicciones que sufre el autor? La línea divisoria entre unas y otras, puede resultar muy difusa; así como ocurre entre la narrativa, los hechos históricos y el análisis psiquiátrico a lo largo de toda su obra.

En cualquier caso, estas contradicciones presentes en la obra de Francisco Herrera Luque nos invitan a realizar una serie de reflexiones sobre su obra, claro está, pero también sobre la construcción de la venezolanidad:

La primera de ellas, cuya intención es claramente manifestada por el autor en diversos momentos, es un llamado analizar críticamente la historia nacional en contraposición a las versiones idílicas de la historiografía oficial.

Lo segundo, en directa relación con lo primero, es la necesidad de estudiar a los personajes históricos en su condición de seres humanos de carne y hueso. Hombres con grandes virtudes, pero también con defectos y debilidades. Hombres contradictorios; cuyas contradicciones no necesariamente restan mérito a sus obras, sino que, al contrario, la enriquecen.

Lo tercero, quizás como advertencia a los que se aproximan a la obra herreraluqueana, es un llamado de atención a disfrutar sus novelas, comprendiendo la distancia que guardan de la rigurosidad histórica, por más verosímil que pueda parecer la historia fabulada.

La importancia de la obra de Francisco Herrera Luque

Francisco Herrera Luque no pasó desapercibido por este plano terrenal. Al respecto, en cada uno de los espacios donde participó, expuso sus ideas con vehemencia; aceptando con gallardía, orgullo y no menos dolor, las consecuencias -no siempre positivas- de esa forma de ser y de actuar.

En vida, las novelas de este autor venezolano llegaron a ser bestseller con decenas de ediciones. Y como ocurre con todas las obras polémicas, se debatieron continuamente entre la aceptación y el rechazo del público lector.

Al respecto, más allá de los méritos o no que guarda la novela herreraluqueana dentro de la corriente formal de la novela histórica, resulta importante destacar la contribución de la obra de Francisco Herrera Luque a la construcción de una “venezolanidad plebeya” distanciada de la “venezolanidad oficial”. Ahora ¿hasta qué punto esa “venezolanidad plebeya” es real o, en cambio, es obra de la imaginación afiebrada del autor? Es una pregunta que no acepta respuestas ortodoxas ni prefabricadas.

 

 


[1] Los viajeros de Indias (1961); Las personalidades psicopáticas (1968); La huella perenne (1969); Boves, el urogallo (1972); En la casa del pez que escupe el agua (1975); Los amos del valle (1979); La luna de Fausto (1982); Bolívar de carne y hueso y otros ensayos (1983); La historia fabulada (1983); Manuel Piar, caudillo de dos dolores (1987); Los cuatro reyes de la baraja (1991); 1998 (1992); Bolívar en vivo (1997); El vuelo del alcatraz (2001).

[2] Ver Eskenazi, M. (2017). Francisco Herrera Luque, una conversación final.

 

*Artículo publicado en Revista Florencia el 5/4/2020