05
Oct

Pim Pam Pum o el desencantamiento del este de la ciudad

Una forma interesante de aproximarnos al pasado es a través de la literatura de la época. Así, explorando el relato creado por el autor podemos intentar dilucidar el proceso dialéctico mediante el cual se construye la identidad narrativa de los personajes del texto y con ello intentar describir el ambiente donde transcurre la trama de la novela.

En este caso, nuestro objeto de estudio será la novela Pim Pam Pum, del autor venezolano Alejandro Rebolledo Pulgar (1970-2016), la cual sería publicada originalmente en el año 1998 bajo el título Pin Pan Pun y gozaría del extraño mérito -en tanto se presume ser una novela antisistema- de ubicarse entre los finalistas del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos del año siguiente.

Pim Pam Pum: ¿inventiva molesta o molesta realidad?

Lo primero que percibimos al leer Pim Pam Pum es que estamos frente a una novela grotesca que busca posicionarse como un texto irreverente de manera descarada y poco natural. De esta forma, escrita en un vocabulario soez, nos cuenta la historia de una pandilla de sifrinos del este de Caracas que, debido a la supuesta carencia de oportunidades, devienen en gibaros y rateros de poca monta que terminan por involucrarse de forma patética en un fracasado intento de secuestro.

En este aspecto, en la capa más superficial de la trama tendremos la sensación de que el único mérito tangible del relato es haber distr,ibuido de manera equitativa una serie de prejuicios por todos conocidos dentro de los que podemos mencionar el arquetipo de los hijos de los ricos que terminan siendo drogadictos, los chamos del barrio como representación del verdadero malandro, los policías que de alguna u otra forma terminan siendo corruptos, entre otra serie de lugares comunes otorgados a los personajes de la urbe caraqueña. Esto acompañado de una redacción intencionalmente misógina donde las mujeres son tratadas como “perritas” y tres de los personajes masculinos -incluyendo los más “bichitos”- son violados, literalmente, en alguna parte de la historia.

No obstante, esta narración intencionadamente incomoda de la cotidianidad de los personajes no es visto por nosotros como algo necesariamente negativo. Al contrario, gracias a esa identidad narrativa asociada con algunos sectores de la sociedad venezolana, Pim Pam Pum podría terminar por describirnos de manera fidedigna, aunque poco ortodoxa, el desencantamiento sufrido por la juventud de clase media y alta de la ciudad de Caracas a finales de los años 90’ con respecto al sistema político imperante y las condiciones sociales de la época, en dónde ya se perfilaba el exilio en Miami o New York como la única forma de huir de la decadencia asfixiante que les generaba su propio gentilicio.

El este es el este y lo demás es zona de malandros

La novela Pim Pam Pum tiene como escenario central la ciudad de Caracas, empero, es importante aclarar que la ciudad es narrada desde la cosmovisión de unos personajes cuyo lugar de enunciación es el este de la ciudad. Así, dentro de la trama narrada por Rebolledo, descubriremos que todo lo que no orbite dentro de ese espacio termina siendo un territorio inhóspito, lleno de peligros, muerte, recojelatas, malandros, drogas y barrios.

Sin embargo, esto no significa que Los Palos Grandes, urbanización acomodada del este de la ciudad en donde viven los personajes principales del relato, sea un territorio seguro. No al menos para estos jóvenes descarriados asiduos de las fiestas rave, la búsqueda de la emoción sin límites, el sexo desenfrenado y adictos al modus vivendi del “vive rápido y muere joven”.

Pero cuidado: los peligros nunca son equivalentes. A diferencia de las experiencias de “El Brodér” o de “André”, personajes de las zonas periféricas de la ciudad, para los “chamos de bien” aunque sean unas “raticas”, la vida nunca deja de ser un juego: explorar el mundo de las drogas duras no es más que una malcriadez, morirse por ello no pasa de ser una pequeña imprudencia heroica, adentrarse en el malandraje una diversión. Al finalizar el día, siempre podrán volver al refugio de la casa materna, la impunidad del apellido y los pasajes de avión que los alejen de aquella excitación juvenil por la decadencia.

Huir, huir, siempre huir

Al leer Pim Pam Pum notaremos que existen argumentos recurrentes. Siendo las drogas, la muerte, la traición y el desenfreno juvenil algunos de los más notorios.

No obstante, dentro de la decadencia exasperantemente expresada a lo largo de la novela, lo transversal, en realidad, termina siendo la necesidad de huir de unos personajes que en todos los capitulos de la historia son incapaces de asumir las responsabilidades de sus actos. De esta forma, el objetivo de cada uno de ellos es huir, siempre huir: huir de la familia, huir de la tradición, huir del apellido, huir de la fama, huir de la pareja, huir de la policía, huir de la casa, huir del pueblo, huir del barrio, huir de la ciudad, huir del país, huir de la vida, huir de lo venezolano, de la venezolanidad, del otro y de sí mismos; huir de esa realidad incomoda e indescifrable que se manifiesta como límite tangible al deseo insaciable de hacer lo que les venga en gana sin necesidad de enfrentar las consecuencias de los actos cometidos.

En otras palabras, en Pim Pam Pum nos encontraremos con una sociedad de adultos infantilizados que intentan huir de la realidad venezolana, o, mejor dicho, la realidad venezolana percibida desde unos personajes que habitan en el este de la ciudad capital a finales de los años 90’. Unos adultos infantilizados que en su afán de huir de la realidad no logran descubrir que ellos forman parte activa de esa realidad; es decir, lo que rechazan es parte de ellos mismos.

En este sentido, la verdadera tragedia del relato es que los personajes de Pim Pam Pum no pueden huir de la realidad venezolana porque ellos son el tipo ideal de una de sus expresiones. Algo que no puede borrar el poder tras el apellido, el dinero, Margarita o New York y cuya búsqueda infatigable termina en la novela con la muerte como expresión última de la nada transmitida por Rebolledo a lo largo de toda la historia. Una nada que no es otra cosa que la crisis de identidad de algunos de los jóvenes de la clase media y alta venezolana para finales del siglo pasado. Una crisis de identidad que, al hacer abstracción del relato ficticio de la novela, pareciera acompañar a estos jóvenes en la cotidianidad hasta el día de hoy.

*Artículo publicado en Revista Florencia el 5/10/2020

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