05
Nov

Salsa y control: la identidad barrial de los 90’

Salsa y control, salsa y control

El son montuno lo traigo yo

Salsa y control, salsa y control

Tú me das la llave yo pongo el sabor

José Lebrón

En una entrega anterior nos aventuramos a realizar un brevísimo comentario sobre la novela Pin Pan Pun (1998), escrita por el autor venezolano Alejandro Rebolledo Pulgar, la cual se encuentra ambientada en las distintas dinámicas de la juventud de la clase media-alta de la ciudad capital a principios de los años 90’. En esa oportunidad, comentamos que Pin Pan Pun es una novela que se caracteriza por narrar de manera soez y autoreferenciada el sinsentido de la existencia de una juventud acomodada que se percibe así misma como exiliada en su gentilicio. En este aspecto, la novela de Rebolledo nos muestra Caracas como una ciudad radicalmente dividida entre las zonas seguras del este y las zonas periféricas, marginadas y notablemente peligrosas de sus alrededores; una visión unilateral y clasista que sirve de ejemplo para captar la identidad de un sector, pero que nos priva de la posibilidad de explorar la otra cara de la ciudad.

De esta forma, para lograr este objetivo -explorar la otra cara de la ciudad- nos hemos propuesto avanzar en la caracterización de la identidad narrativa mostrada en otra novela, en este caso: Salsa y Control (1996), del escritor venezolano José Roberto Duque, la cual se nos presenta como la perfecta antagonista de la novela anterior.

Del “sifrinaje soez” al “malandreo culto”

La trama de Pin Pan Pun (1998) se ambienta en el este de la ciudad capital a finales de los años ochenta y principio de los noventa; mientras que la trama de Salsa y Control (1996) avanza en el “Barrio Camboya” de la ciudad de Caracas en el mismo período. En la primera, Rebolledo da muestras de un lenguaje soez e irritante para demostrar las angustias de los jóvenes que viven en zonas acomodadas y que ingresan en la delincuencia por error y sin ninguna consecuencia; en la segunda, Duque expone con lirismo las luces y sombras de la vida barrial.

En el este, la dinámica festiva narrada en Pin Pan Pun (1998) son las fiestas raves en casas abandonadas del Country; mientras que, en el oeste, la festividad narrada en Salsa y Control (1996) es la rumba salsera por excelencia. En la primera: el malandraje es una caricatura, una aventura desafortunada y hasta graciosa; en la segunda: cotidianidad violenta con consecuencias reales:

“Nosotros, que sabemos del miedo, del repique del corazón cuando un maldito se lanza encima con un hierro por delante, y aunque él te tire nada más a las piernas tú piensas “Se acabó, me jodí, chao la vida” y te pones a pensar en la madre que te abortó y en las maldades que hiciste cuando niño, hasta que te dan tu tirote y pasa el susto y alguien se apiada, vuela contigo al hospital y tú descubres que en realidad un tiro no duele en el momento, no duele, pero es el miedo lo que no te deja mover ni los ojos y puede que hasta te haga llorar como una hembra, así que imagínate a Urraca tomándose su cervecita en paz y luego el par de bichos escupiéndole toda la locura del basuco adulterado, pin-pan-pin”

Duque, Salsa y Control (1996).

Con Rebolledo, el refugio de los protagonistas es el apellido junto al dinero familiar; con Duque, no hay refugio más allá de la capacidad de cada uno de ejercer su propia violencia legítima. En Pin Pan Pun (1998) la política es periférica, si acaso, una tímida referencia a una camisa política; siempre, claro está, en tono clasista. En Salsa y Control (1996) la política es transversal al relato, siempre, claro está, en tono clasista:

“Tápate esa camisa, Luis, todo el mundo sabe que el secuestrador usa una camisa de Chávez, ciérrate la chaqueta. Es depinga esa camisa, ¿no?, burda de psicodélica. El loco del Pájaro las estaba viendo el año pasado”

Rebolledo, Pin Pan Pun (1998)

Si Pin Pan Pun (1998) es para nosotros el tipo ideal del imaginario de la juventud de clase media-alta de la ciudad de Caracas para principios de los años 90’; Salsa y Control (1996) hará otro tanto en mostrarnos la identidad del barrio caraqueño en el mismo período.

Ahora, si hasta aquí nos hemos dedicado a comparar Salsa y Control (1996) con la novela Pin Pan Pun (1998) ha sido solo para demostrar el lugar de enunciación en uno y otro relato: dos expresiones antagónicas de una misma realidad: las dinámicas presentes en la Caracas de principios de los años 90’. No obstante, aunque interesante el ejercicio, es momento de soltar el relato de Rebolledo, para exponer la especificidad de Duque, cuya novela, además, fue publicada dos años antes que la de aquel.

La especificidad de Salsa y Control

Salsa y Control (1996) es un relato breve -pero con intención de ser completo- de la vida barrial caraqueña; donde podremos descubrir la festividad del barrio, sus gustos musicales, su pobreza, su violencia, sus temores, sus amores, sus religiones periféricas y más; con el particular de utilizar, en líneas generales, un vocabulario denso y a veces poético para narrar cada episodio, lo que termina por generar una “dialéctica de lo extranjero”.

El extranjero, en la novela, es el lector. Así nos sentencia Duque cuando en un particular giro discursivo se dirige directamente a nosotros a lo largo del texto asumiendo a priori que el lector, es decir, nosotros, no conocemos nada de ese mundo narrado, no pertenecemos y, en todo caso, habremos llegado a él por simple curiosidad. Por lo tanto, en Salsa y Control (1996) hallaremos una novela barrial, que no ha sido escrita para el barrio. En este sentido, quizás las formas elocuentemente densas que a veces adquiere la narrativa de la novela, no sea más que una caricatura de lo que el autor entiende por “extranjero”, o lo que es lo mismo en su relato: unos “sifrinos del coño”.

“Extranjero:

Elisa tiene, en la cima de un callejón hasta el ojo de escaleras, ranchos y retorcimientos, su habitación -garita inalcanzable, donde se instala en plan de solitaria espectadora de locuras y avatares nocturnos. El arribo de la oscuridad le depara (le ha deparado desde la niñez) escenas teñidas de un gris extraño, principios y desenlaces de historias instantáneas, sangre y carajazo”

Duque, Salsa y Control (1996)

Ahora, sí para nosotros el rasgo principal de la narrativa presente en Salsa y Control (1996) es la dialéctica de lo extranjero -esa extraña fusión que genera la realidad barrial cuando ha sido traspasada por el filtro denso del lenguaje poético-, lo cierto es que no es el único. Además, otro elemento de importancia dentro de la novela, el cual es notoriamente decisorio sobre la trama y el desenlace, es la violenta irrupción del Caracazo (1989) en la escena.

El Caracazo es tan violento que logra partir la breve novela en dos: una primera parte, donde se van tejiendo las historias singulares de cada personaje y, una segunda, donde se narra la vivencia de la explosión social dentro de la dinámica del barrio: el saqueo, la violencia policial, la defensa del barrio, el dolor y los muertos. Su irrupción dentro del relato es tan radical que gran parte de las historias de la primera parte terminan quedando inconclusas: no sabemos que terminó sucediendo con los personajes, si están vivos o muertos, si vencieron sus temores, si los agarro la policía, si los venció la “culebra”, si se lograron enamorar, nada, simplemente nada.

Pero ¿es este quiebre una deficiencia literaria o una muestra real, quizás de lo más real del relato, de lo que ocurre cuando la vida es partida en dos por los acontecimientos? ¿No es acaso este quiebre del relato una muestra fidedigna de lo acontecido en las dinámicas de la ciudad capital posterior al Caracazo? ¿Qué relevancia podrán tener las historias previas de Fabricio, Hansel, Adriana o Yajaira después de aquella batalla campal? ¿No es acaso cierto que la sociedad venezolana se transformó de manera radical a partir del 27 de febrero de 1989?

Conclusión: Caracas como ciudad hostil

Si Pin Pan Pun (1998) nos da muestras de que la identidad de la juventud de clase media-alta de la ciudad de Caracas para finales de los años 90’ se presentaba como una identidad ipse desnuda, lo que genera la sensación de “falta de identidad” o el tan mentado “nihilismo” asociado a la novela; en Salsa y Control (1998) tendremos una identidad barrial de tipo idem fuertemente establecida, pero también violentamente agitada por los acontecimientos. Acontecimientos que, contrario a ponerla en crisis -como ocurre en el relato de Rebolledo- terminan por afianzar aún más sus características singulares.

En cualquier caso, pese a los distintos lugares de enunciación de cada autor y cada novela, lo cierto es que la ciudad de Caracas de principios de los años 90’ es narrada por ambos como un territorio hostil marcado por la violencia, la delincuencia, las drogas, la ausencia de oportunidades, la falta de credibilidad de las instituciones públicas (en especial de la policía) y el antagonismo de clases manifestado en la rivalidad perenne entre el este y el oeste de la ciudad: entre las zonas de la clase media-alta y el barrio. Un antagonismo que ya asumía posiciones políticas enfrentadas: posiciones políticas, valga la pena insistir, configuradas por las clases a las que pertenecen los personajes de cada historia. En otras palabras: bajo sus propios parámetros, ambas novelas nos narran una sociedad en crisis y crecientemente polarizada: un botón de muestra; unas finas partículas de polvo que nos ayudan a entender los lodos por los que transitamos.

*Artículo publicado en Revista Florencia el 5/11/2020

Colabora con la investigación independiente

A través de una pequeña donación estarás ayudando a mantener actualizadas las investigaciones aquí publicadas